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Heroes olvidados.

 

Patriotas de la ocupación del 1916, olvidados por la historia.

José C. Novas.

A mediados de Mayo de 1916, cuando el general Desiderio Arias de rebeló en la fortaleza Ozama el hecho fue tomado por Estados Unidos como argumento para ordenar la ocupación del territorio nacional, invasion que ya estaba planificada de antemano; Arias se puso de acuerdo con los comandantes interventores extranjeros y recibió garantías para trasladarse a la ciudad de Santiago y allí entregar las armas, así ocurrieron los hechos.

Una vez los marines tenían su plan listo para invadir el territorio dominicano, montaron la iniciativa de desembarco por varios puntos, entre los pueblos escogidos, la ciudad dedes de Montecristi, Puerto Plata y Sánchez éste último en la bahía de Samaná. La selección de esos lugares no fue casual, los tres lugares poseían puertos, de Montecristi a Santiago existía una carretera y desde Puerto Plata y Sánchez operaban las líneas del ferrocarril central que comunicaba con importantes ciudades en el centro del Cibao, esa fue la estrategia.

La crónica tradicional sobre los desembarcos desde la costa Norte y Este dice poco sobre los primeros actos de resistencia contra la expedición de Estados Unidos que entraron al territorio dominicano para permanecer ocho años antes de que fueran forzados a retirarse del país. Las negociaciones con el general Arias iniciaron el 4 de Mayo de 1916, el caudillo liniero se puso de acuerdo con los comandantes y diplomáticos extranjeros para abandonar la capital en la madrugada del día 15 junto a sus hombres, armas y municiones, se dice que fue una fuga y que salio huyendo, pero en realidad fue que todo estaba escrito bajo un acuerdo previo.

Contrario a la actitud del general Arias, hubo dos gobernadores y un comandante de armas que se mantuvieron estoicos frente a la acción de las tropas extranjeras y aunque poco han reseñado los historiadores criollos sobre sus actos, lo cierto fue Apolinar Rey, Fidel Ferrer y Carlos Daniel le presentaron patriótica resistencia al poder más arrollador ejercito que ha conocido la historia moderna de América. Los hechos se produjeron en forma paralela desde el 1 de Julio en las ciudades de Puerto Plata y Sánchez, donde sus respectivos gobernadores Apolinar Rey y Fidel Ferrer dieron muestras de su valor ordenando a sus tropas combatir los invasores con toda la energía a su alcance. De igual forma el comandante de armas de Santa Cruz de Mao Carlos Daniel en la batalla de la barranquita, en la provincia de Montecristi.

El fuerte San Felipe fue blanco de un intenso bombardeo que desde las aguas del atlántico lanzaron lo buques de guerra USS Rhode Island y USS New Jersey, la destrucción fue tal, que el general Apolinar Rey ordenó a sus soldados replegarse a las montañas a combatir en forma de guerrillas. De igual modo actuó el gobernador de Samaná Fidel Ferrer, resistió desde la ciudad portuaria de Sánchez lo mas que pudo, hasta que finalmente se refugió en los cerros a combatir en forma de guerrillas. Lo ocurrido en la Barranquita es bien conocido gracias a la perseverancia de los habitantes de la zona que se han encargado de preservar su memoria.

Tanto Apolinar Rey, Fidel Ferrer como Carlos Daniel permanecen sumidos en el olvido de la conciencia nacional, a pesar del valor que mostraron en los momentos aciagos; en el caso del gobernador Ferrer, se sabe que perdió la vida en defensa de la soberanía cuando fue capturado por los invasores y ahorcado en una plaza pública del paraje de Hato Mayor.

THE UNTHINKABLE JOURNEY

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UNTHINKABLE JOURNEY.

This book is about Frederick Douglass diplomatic missions to Haiti and Dominican Republic, first as commissioner and later as Ambassador. It’s an eye-catching description from the beginning to the end of the abolitionist nearly impossible story as public servant. The text is nothing less than a chronicle of his real life, an illustration of his journey from slavery to U.S. Diplomacy. Please, don’t waste time and get your copy now.

Esclavitud en Haiti, abolición, paralelismo y fatalidad

Esclavitud, abolición y el paralelismo fatal

José C. Novas

La esclavitud se conoce desde la Edad Primaria y fue un sistema de dominación en el que una persona poseía derecho de propiedad sobre otra, el primero privaba de toda libertad al segundo, que era considerado como un objeto que incluso se podia vender.

Las evidencias demuestran que la esclavitud fue impuesta en todos los continentes y a todas las razas del planeta. Los periodos de esclavitud mas expuestos por la literatura fueron los que les impusieron a los hebreos durante la antigüedad y del que fueron victma los africanos en América en tiempos de la colonia, pero justo es señalar que existieron contra otros grupos raciales.

La abolición proclamada después de la rebelión de esclavos en la parte occidental de la isla de Santo Domingo en el verano de 1791 guarda un paralelo fatal entre le rey de Francia Louis XVI, su esposa la reina María Antonieta y el presidente de Estados Unidos Abraham Lincoln.

Fue abolición de los negros en Haití la que desencadenó en perturbación política en los estamentos del gobierno en Francia y Estados Unidos, y en consecuencia, en Paris los reyes Louis XVI y su esposa fueron juzgados y condenados a morir en la guillotina y en Washington la abolición de los negros llevó a un extremista a disparar contra el presidente Abraham Lincoln la bala trágica que le quitó la vida.

En ambos casos, la estela de terror generada por la rebeldía de una raza contra un sistema que los mantuvo oprimidos y bajo una cadena de crueldades cerca de tres siglos, fue la raíz de los hechos que contamos. Un paralelo fatal se observa entre Louis XVI, María Antonieta y el presidente Lincoln que tuvo su origen en la liberación de los esclavos negros en América.

LA MUJER EN LA HISTORIA DOMINICANA Y DE AMERICA

Homenaje a heroínas, mártires y próceres de la patria. Conferencia el 23 de febrero 2019 en la Universidad de Columbia, New York.

Por José C. Novas.

El oficio de reseñar la historia constituye el reto de presentar el pasado despojado de pasiones y rescatando lo que se ha quedado atrás, valorando lo que existe; son varias clasificaciones de los periodos de la historia de América, y tres son las etapas fundamentales: la primera la historia precolombina, 2da.) la colonización a partir de la llegada de los europeos y 3ra) el periodo republicano, cuando surgen los movimientos independentistas a lo largo del continente.

Sobre la época precolombina poco se sabe de los habitantes del continente antes de la colonización, la crónica existente menciona los caciques que enfrentaron a los aventureros europeos a partir de 1492, pero eso es todo. La cultura y como se desenvolvían los aborígenes del nuevo mundo fue objeto de una exposición parcializada y no se sabe si se trató de algo casual o si respondió a un plan intencionado, lo que sí es innegable es que la América precolombina ignorada o expuesta al mínimo.

Existe un desconocimiento sobre cómo se desenvolvían las sociedades a la llegada de los primeros marinos españoles al continente, en la isla de Santo Domingo, aunque la historia recoge nombres de algunos caciques y sus mujeres como fue el caso de Caonabo y Anacaona, Enriquillo y Mencía o el de Hatuey y Guarina en Cuba su mención no fue para destacar sus actos de rebeldía o las características de la sociedad original.

El hecho no se limita a ignorar la sociedad precolombina, hay aspectos sobre la evangelización, la esclavitud de africanos y la propagación del catolicismo que no están del todo claros, los cronistas, historiadores e intelectuales al parecer no valoraron sus acciones de los aborígenes y se limitaban en exponer lo relacionado con las clases dominantes, el papel de la mujer nativa está virtualmente ausente y esa conducta no ha variado mucho hasta nuestros días.

El patrón discriminatorio pasó de una generación a otra, y hoy a pesar de las luchas y logros, persisten trazas de exclusión, particularmente sobre la mujer. Nuestra generación tiene una deuda dilatada con esa historia, que debe ser compensada, por ello estamos aquí, exigiendo se incluyan los aportes de hombres y mujeres de todas las etapas, todas las razas y todas las procedencias en el continente americano.

No se requiere de gran genio para comprender que, al llegar los europeos, la reina de España era Isabel la Católica y que a raíz de su muerte el 26 de noviembre de 1504, el trono y sus posesiones los heredó su hija Juana, que, por ser menor al momento, le fue designado un regente. Poco después, como para descalificarla, la llamaron “Juana la loca”, esa es una historia llena de especulaciones, que no es necesario retraer al propósito de la intervención esta noche, cuyo motivo es resaltar el heroísmo de las mujeres sacrificadas por la patria; pero observen, ¿qué sería de un imperio dirigido por una soberana a la que los súbditos consideren loca?

La historia de la colonización en isla de Santo Domingo se expone con grandes lagunas, el caso del cacique Guacanagarix nos llena de suspicacias porque aparece como un tonto que entregaba el mas preciado mineral por objetos de sin valor. Al revisar lo que fue la historia de los nativos de la isla, encontramos tan poco que no es posible conformar una idea y se puede decir que nada es positivo en relación a su cultura; sobre las mujeres se citan nombres para destacar que eran las esposas de algún cacique o para decir que vestian poca ropa, nunca para destacar que tenía algún talento; a más de cinco siglos transcurridos, se desconocen los aportes de la mujer antes de la llegada de los europeos al continente americano.

En lo extenso del continente se documenta la existencia de los caciques Caonabo, Enriquillo, Tupac Amaru, Atahualpa, Montezuma, Hatuey, Cuauhtémoc, o Agüeibaná como los más aguerridos. Desde el inicio de la colonización hasta el umbral del siglo 19, pasaron más de 300 años y la pregunta obligatoria es: ¿No se produjeron hechos que involucrara a los originarios de estas tierras? Poco se sabe en ese sentido, lo que indica que los cronistas se dedicaban a valorar lo que tenía que ver con actividades de los colonos europeos o los líderes de la iglesia.

A pesar de la riqueza cultural de América, tenemos una historia inclinada a resaltar lo hispánico en lo que es Latinoamérica, en Estados Unidos, Canadá y una porción del caribe donde se habla inglés las tradiciones de Inglaterra, en Brazil todo lo vinculado a Portugal, y en Haití, Louisiana, y un número de islas en el caribe sobre la cultura francesa. Poco se conoce sobre lo aborigen en comparación con la crónica impuesta por los que dominaron estas tierras.

Para ilustrar sobran ejemplos, y me permito escoger un caso revelador en la estadía de María de Toledo en la isla esta mujer era española y esposa de Diego Colón, a su vez el primer Virrey de las posesiones del imperio. Cuando María de Toledo ocupó el cargo de virreina, la crónica su mandato raya en la fantasía, lo que se reporta parece sacado de una fábula. Basta observar lo que era la parte amurallada e imaginar lo reducida que era para la época. Si nos retraemos a esa etapa hay que preguntar ¿Cómo era posible en una extensión tan limitada, mantener una corte como la que exponen en los textos?

Quizás la crónica sobre María de Toledo, no respondía a su accionar como esposa del virrey Diego Colón o la burocracia que impuso en la ciudad colonial; quizás se debió a su vínculo familiar con el Duque de Alba con quien estaba relacionada el Duque de Alba era una figura influyente en las decisiones del Rey Fernando el católico, con quien tenía un parentesco muy cercano.

En la antigua ciudad colonial de Santo Domingo existe el “Paseo de las damas”, bautizado en honor a las caminatas de la corte de María de Toledo, posteriormente en el área fue construida una plaza que también lleva el nombre María de Toledo y es conocido que en el barrio Villa Juana de la ciudad de Santo Domingo una calle con el nombre de María de Toledo.

De 1449 cuando murió esta mujer hasta 1549, o sea 100 años después, se reporta un evento notorio en la historia colonial que destaca la acción de un hombre que no era de origen europeo, se trata de la rebelión del esclavo Sebastián Lemba, africano que suponemos se refugió en las montañas de la cordillera septentrional, o sea lo que es la Sierra de Bahoruco y el valle de Jaragua. Esa hipótesis se basa en que el pueblo de Salinas en la provincia de Barahona, existe un paraje que la tradición del área llama “Los cerros de Lemba”, y en esa misma zona del país está la laguna de Rincón, allí desemboca un río que los lugareños llaman el río de Lemba, esa circunstancia nos lleva a plantear que posiblemente esa región fue donde operó el guerrillero africano en sus actos de rebeldía.

De 1557 cuando fue capturado y decapitado Sebastián Lemba, en la Puerta de la Misericordia fue colocada su cabeza como una forma de escarmiento y desde entonces en la capital le llamaron la Puerta de Lemba; en 1748, o sea 200 años después, ocurrió un caso similar en el lado francés de la isla con otro esclavo africano llamado Francoise Makandal, que se alzó en las montañas a luchar por la liberación de los negros y sus descendientes en la isla; tras una larga persecución Makandal fue capturado y condenado a morir en una hoguera. La historia colonial de la isla silenció por mas de dos siglos el exterminio de los nativos, las injusticias a la población africana y la degradación a los que nacieron como resultado de uniones maritales o casuales entre los residentes de la isla española sin importar color o raza, hubo en ese periodo un notorio mestizaje entre europeos, aborígenes y africanos que resultó en el arcoíris racial al que devinieron los dos países y otras partes de América, de eso que nadie tenga dudas.

En 1793 con el impacto del movimiento abolicionista en Haiti, los cronistas hispanófilos del lado español y afrancesados de la parte oeste de la isla, no les quedó más que incluir en sus relatos los caudillos que iniciaron la revuelta en el lado francés y que abolió por primera vez la esclavitud en América, así aparecen en los relatos Toussaint L’Overture, Jacques-Vencent Ogé, Henri Christophe, Julien Raimond, Jean Francoise Papillon, André Rigaud, Jean Jacques Dessalines, Alexandre Petion y otros.

Pero, la historia de la isla ha sido contada de manera acomodada y esa es la razón por la que mártires o próceres a pesar de tener méritos, no son considerados para merecer plazas, estatuas, museos, avenidas, pueblos u otro reconocimiento que los inmortalice, para que su legado llegue a las actuales generaciones.

No fue hasta que apareció en Francia el talento de Alejandro Dumas cuando las cosas cambiaron, Dumas nativo del lado francés de la isla cautivó con las obras “Los Tres Mosqueteros, El Conde de Montecristo, María Estuardo, El Tulipán Negro, El hombre de la máscara de hierro” a la Europa de mayor ilustración de aquellos días.

El reconocimiento de hombres y mujeres en isla tenía pendiente la realización de una hazaña monumental en América a raíz del movimiento que propugnaba por la formación de naciones libres y hasta la isla llegaron esas ideas nacidas con la proclamación de Estados Unidos, la revolución francesa y la rebelión de los esclavos y la proclamación de Haití como nación. Los líderes de la emancipación haitiana para garantizar la libertad de sus habitantes libres, proclamaron la unificación de la isla, ese es otro aspecto que ha sido objeto de manipulación.

El dominio que impuso el gobierno haitiano sobre toda la isla generó un espíritu separatista en el lado español que devino en la formación del Movimiento Trinitario y que culminó proclamando la Republica Dominicana. Las luchas contra la dominación haitiana fueron inspiradas por el ideal de Duarte, que aglutinó en el escenario político a hombres y mujeres a favor de un país soberado, así nos legaron a Benito González, Pedro A. Pina, Jacinto de la Concha, Jose María Serra, Juan N. Ravelo, Felipe Alfau, Feliz María Ruiz y Juan Isidro Pérez; fue la primera vez que las mujeres se integraron las luchas patrióticas, por ello me permito retraer algunos de sus nombres

Fue como integrantes del movimiento Trinitario cuando surgieron los nombres de Rosa Duarte, María Trinidad Sánchez, María Baltazara de los Reyes, Rosa Bastardo, Concepción Bona, Josefa Pérez de la Paz, Juana Saltitopa, Socorro Sánchez, a Ana Valverde, Filomena Gómez, Rosa Montás y se integraron al proceso de luchas que llevó a la separación del dominio haitiano en 1944.

Una vez declarada la separación, el gobierno haitiano y la clase dominante del vecino país insistían en retomar control de los límites de la nación, y el 10 de marzo pasaron por Colombié (Bartolomé) al norte del Lago Enriquillo, el 11 de marzo de 1844 se produjo la batalla de las Marías, el 12 la de Cambronal (Galván) en el distrito de Neyba, el 13 los combates de la Barranca del Yaque del Sur, cerca de Tamayo. El empuje de las tropas haitianas continuó hacia la capital, y el día 19 de marzo de 1844 cuando chocaron con una formidable resistencia en las cercanías de Azua, que detuvo el impulso a la expedición haitiana.

Mientras la resistencia del Sur combatía ferozmente, otro regimiento penetró por Dajabón y avanzó hacia el Cibao, fue derrotada en los combates del 30 de marzo en la ciudad de Santiago. Las crónicas sobre las acciones en el sur se reportan la gallardía de los generales Pedro Santana, Antonio Duvergé, Manuel de Regla Mota, Vicente Noble, Elías Piña, José María Cabral, Francisco Soñé, Ramon Santana, Lucas Diaz y Jose Leger entre otros.

En la región del Cibao destacaron los generales Jose María Imbert, Fernando Valerio, Ramon Matías Mella, Lorenzo Mieses, Ramon Franco Bidó, Pedro Eugenio Pelletier, Ángel Reyes, Francisco A. Salcedo, Juan Luis Franco Bidó, Lucas Evangelista de Peña. Curiosamente tanto los reportes del Sur, como los del Cibao carecen de las acciones atribuidas a la mujer dominicana, a pesar que estuvo presente en las luchas. Ello no sorprende, en los textos de enseñanza básica de historia dominicana, la gran ausente es la mujer, sin cuyo aporte no es posible escribir la historia del pueblo dominicano.

Para la realización del presente trabajo, hicimos una observación al contenido onomástico de dos obras que a nuestro parecer son las más importantes sobre la guerra de la restauración; escogimos los tres tomos de las Notas Autobiográficas y Apuntes Históricos del general Gregorio Luperón y los dos tomos del Diario de Campaña del general Jose de la Gándara, capitán general del ejército español durante el conflicto.

El resultado sorprendente, el general Luperón cita el nombre de mas de 3 mil, entre soldados y combatientes, y de ese total 21 son mujeres, a las que refiere como la reina de España, o las esposas o concubinas de algún soldado, a pesar que hubo mujeres combatientes en el conflicto. Peor fue el resultado en los tomos del diario de La Gándara, donde no aparece la participación de mujeres, aunque el brigadier no pudo evitar hablar de la reina de España y de la esposa del general Luperón.

Así ha tratado los cronistas de la historia a la mujer dominicana, la guerra de los Seis Años revela que Juana Ogando, varios sus hermanos fueron sacrificados en defensa de la soberanía, Juana alcanzó el rango de general y formó parte del Estado Mayor del gobierno de Ulises Heureaux, pero muchos la conocen como “la amante del general Lilis”. El libro original La Viña de Naboth en su primera edición, incluye una fotografía de Juana Ogando en la que aparece uniformada de general, hasta donde sabemos es de las pocas mujeres en la historia dominicana que han ostentado el rango por méritos.

Fue la obra de Eugenio María de Hostos es la que puso a la mujer dominicana en la notoriedad. La iniciativa de Hostos desde la enseñanza pública del gobierno dominicano durante los mandatos del partido azul fue el punto de partida. Hostos tuvo la visión de convertir las mujeres maestras normalistas que devinieron en pioneras de la educación pública dominicana. A partir de entonces, aparecen las mujeres en los relatos como señal que la educación abre puertas para entrar triunfante a la historia de los pueblos.

Hasta ahí el papel de la mujer en las luchas patrióticas estuvo ausente aun cuando se sabe que en el movimiento trinitario un gran numero de sus integrantes eran femeninas, y algunas a la hora de la verdad empuñaron las armas.

Con la obra de Hostos surgen las figuras de Salome Ureña, Eva María y Luisa Ozema Pellerano, Ercilia Pepín, Anacaona Moscoso, Andrea Evangelina Perozo y otras, hasta donde se sabe Evangelina Perozo fue la primera dominicana en lograr el titulo de doctora en medicina a pesar de las restricciones y las limitaciones que la facultad le imponía al género.

En todo el quehacer de la vida nacional estuvo la mujer, en las luchas patrióticas durante la ocupación de 1916 la mujer dominicana coronó con laureles su dedicación a la patria. Dos corrientes de mujeres se formaron contra los soldados invasores entre 1916 y 1924. Las imágenes fotográficas en periódicos y revistas las muestran armadas junto a los llamados gavilleros que resistieron en los campos y montañas la intervención de Estados Unidos.

Los combatieron en los cerros, en los pueblos mediante protestas callejeras, por los medios escritos y desde las tribunas mediante el discurso agitador, combativo y revolucionario estuvo la resistencia femenina, otras subieron a las tribunas como fueron los casos de Ercilia Pepín y Abigail Mejía a denunciarlos.

A partir de 1930 el dictador Rafael L. Trujillo empujó la mujer dominicana hacia las luchas contra las injusticias, la inequidad, en 1965 contra la injerencia de abril, más tarde contra el gobierno de los doce años y el presupuesto de la universidad del estado, en fin, en todas las reivindicaciones del pueblo dominicano dijo presente la mujer. Nuestra generación fue testigo de la sangre derramada por las Hermanas Mirabal, Yolanda Guzmán, Amelia Ricart, de Florinda Soriano (Mamá Tingó) y otras, que el limite del tiempo no permite retraerlas al homenaje de esta noche, pero que igualmente que llegue a ellas nuestro tributo.

Entre 1930 y 1961 hubo cambios tímidos a favor de la mujer y a pesar que le fue otorgado el derecho al voto, su participación en procesos electorales y su presencia en cargos era mínima, las oportunidades estaban relacionadas con la instrucción escolar, farmacia y enfermería. Es una verdad irrefutable, fuera de las profesiones antes mencionadas, durante la dictadura la mujer dominicana fue relegada a la condición de ama de casa, modista o costurera y a la propiedad de negocios informales.

Con el avance de los tiempos se produjeron cambios en la sociedad dominicana y tras la revolución de Abril de 1965, en 1968 en una jugada maestra para ganar popularidad, el Dr. Joaquín Balaguer designó gobernadoras en todas las provincias a mujeres activistas de su partido, ello abrió las puertas a una participación notoria de la mujer en las contiendas políticas nacionales, y fue a partir de ahí que su rol se extendió a otros aspectos de la vida social, profesional, económica, política y laboral en la República Dominicana.

Concluyo señalando que la injusticia en perjuicio de la mujer no es una tendencia particular del pueblo dominicano, la experiencia demuestra que es común en toda América, ese mal se verifica desde Canadá, hasta Chile. Me despido con una paradoja de la histórica de la nación Argentina, sin que ello signifique una crítica degradante a la narrativa de ese país, pero resulta que la población de origen africano en esa nación entre 1820 y 1840 era de 40%, y las medidas racistas de los presidentes Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento y Nicolas Avellaneda, la redujeron al 3%, según el censo de 1890, o sea que fue a consecuencia de una especie de exterminio contra los argentinos que descendían de africanos entre 1862 y 1874.

Pareciera increible, en mi caso no lo es, la heroína María Remedios del Villar en su biografía envuelve una historia desgarradora. Nació en Argentina, de padres africanos, se unió como combatiente a las luchas por la independencia de esa nación a cambio de su libertad, por su valor adquirió rangos y dirigió combates decisivos que culminaron con el triunfo de su país, en el proceso fue capturada y condenada a muerte, logró escapar de sus verdugos y pasó a la historia como la “Madre de la patria Argentina”, si, señoras y señores , una mujer de origen africano es la Madre de la patria, de una nación que en un periodo de 50 años redujo la población de color del 40 al 3%. La historia de América sigue sorprendiendo.

Muchas gracias, buenas noches.

Te cogieron asando batatas: Un refrán vinculado con la historia.

Te cogieron asando batatas: Un refrán vinculado con la historia.

Por Jose C. Novas.

Te cogieron asando batatas es un adagio de gran incidencia en la cultura popular dominicana. “No dejes que te cojan asando batatas”, significa para nosotros “no dejarse sorprender desprevenido” Son muchos los que lo usan, pero muy pocos saben que su origen, se produjo en una histórica emboscada cerca del paraje La Descubierta, en el entonces Distrito de Neyba, al Sur de la República.

El hecho se produjo 25 de Noviembre 1873 y la cronica que confirma este incidente aparece en la página 188 en el

tomo II en las Notas Autobiográficas y Apuntes históricos del general Gregorio Luperón , libro que relata la vida y luchas del héroe de la guerra de la Restauración; según la cita el refrán nació más o menos así: “Un núcleo guerrillero contra el gobierno de Buenaventura Baez que se movía por las orillas del Lago Enriquillo cerca del paraje La Descubierta, fue sorprendido por una patrulla del gobierno de Báez, en momentos que se proponían preparar algunos alimentos; el grupo guerrillero era dirigido por el general José María Cabral y lo integraban los coroneles Ulises Heureaux, Lorenzo Acosta y los guerrilleros Manuel Belizá, Bernardino Pimentel, Jose de Js. del Cristo y un ciudadano haitiano llamado John Lench. Tras ser atacados en forma sorpresiva los rebeldes huyeron despavoridos, dejando atrás algunas armas, pertenencias, documentos y se dirigieron hacia el poblado llamado entonces Calombié (hoy Bartolomé), alli adquirieron monturas y continuaron la fuga hacia un paraje conocido como Las Lajas en la linea fronteriza, por donde penetraron al territorio haitiano.

El refran nace porque la patrulla atacante envió un mensajero a la comandancia de Neyba a dar la voz de alerta y al llegar a la fortaleza, el mensajero que al parecer no era muy astuto se limitó a decir: “Los cogimos asando batatas” en referencia a los rebeldes, la frase fue interpretada posteriormente como una falta de precaución de parte de los guerrilleros y fue esa ocurrencia la que dio origen al refrán que tanto usamos los dominicanos para referirsnos a las personas cuando son sorprendidas en pleno descuido.

Atentado contra el general Luperón y la acción audaz que previno su muerte.

Atentado contra el general Luperón y la acción audaz que previno su muerte.

Por José C. Novas.

En la nación dominicana se han producido varios magnicidios e innumerables intentos de asesinatos contra líderes políticos; dos ejemplos sobre muertes violentas cuyos conjurados no se sabe con certeza quienes fueron los casos de los generales Manuel “Memé” Cáceres a finales del siglo 19 y Casimiro N. de Moya al principio del siglo 20. Ambos a pesar de su importancia social y que aspiraron a la presidencia, murieron asesinados, pero, aun así, se desconoce quiénes fueron los autores materiales de esos crímenes. Muchas veces tratando de matar a líderes políticos se han producido enfrentamientos fatales, como fueron los casos del dictador Lilis en la provincia de Azua y el de Mon Cáceres en Cotuí, ambos dictadores murieron despues en magnicidios, uno en Moca y otro en la capital.

Muy pocos son los dominicanos que saben que el general Gregorio Luperón proclamó en 1873 un gobierno en armas con asiento en la aldea de Dajabón. Allí el general restaurador fue objeto de un atentado en el mes de Julio de 1873 y poco faltó para que fuera asesinado; su espada lo llevó a colocarse como la figura máxima en la guerra de la Restauración. La proclama de Dajabón fue hecha en momentos que el general Luperón enfrentaba a Buenaventura Báez, quien junto a su homólogo Ulysses Grant trataban de convertir la nación dominicana en una posesión territorial de Estados Unidos.

La trama homicida contra Luperón fue ingeniada bajo un cuidadoso plan que tuvo el auspicio del Partido Rojo, que dominaba el ambiente político de la época en la República. El trágico desenlace se pudo prevenir gracias a la pericia de dos jóvenes, uno nativo de Puerto Plata y el otro de Montecristi, juntos evitaron la muerte del prócer restaurador mientras se hallaba reunido con su estado mayor. Los jóvenes formaban parte de la protección de Luperón y lo acompañaban en las acciones rebeldes en la línea noroeste cuando fue proclamado el gobierno en armas de la villa fronteriza de Dajabón.

Para ejecutar la conjura y eliminar al general Luperón, los baecistas acudieron a un terrateniente llamado Juan Rivas, reconocido como hombre de armas de la región que por lealtad al presidente Báez y su partido accedió al intento homicida. El general Rivas simuló haber cambiado de afiliación y juró fidelidad a los rebeldes azules opuestos al gobierno, pero en el fondo el propósito era otro. La Junta de gobierno de Dajabón aceptó el ingreso del general Juan Rivas sin tomar en cuenta el peligro que ello significaba para los líderes insurrectos, la excepción fueron los jóvenes Ulises Heureaux y Calasán Carrasco.

La trama estuvo a segundos de convertirse en tragedia, pero la valentía de esos audaces soldados que estaban presentes, se pudo evitar la muerte del general Luperón, que poco faltó para que fuera asesinado en el verano de1873. La intervención de los coroneles Ulises Heureaux y Calasán Carrasco, previno el disparo mortal a Luperón, que discutía sobre la estrategia a seguir, entre los presentes allí se hallaba el general Juan Rivas, que murió en el acto.

El general Rivas se había colocado sigilosamente detrás del general Luperón y cuando se disponía a sacar un revólver que portaba para disparar, el coronel Lilís que lo observaba con ojos de águila reaccionó como un rayo y de un disparo lo derribó, luego al caer moribundo, Rivas recibió un tiro de gracia de manos del coronel Calasán Carrasco. Así murió el general Juan Rivas en Dajabón y así le salvaron Lilís y Calasán la vida del general Gregorio Luperón, quien falleció de muerte natural en 1898 en Puerto Plata.

Un ídolo inusual en medio de la Guerra Fría.

Por José C. Novas.

Finalizada la guerra de Abril de 1965 en República Dominicana, conflicto que motivo la invasión parcial de la ciudad de Santo Domingo por marines norteamericanos y que posteriormente llevó a los poderes imperiales y económicos de Estados Unidos a escoger al doctor Joaquín Balaguer como la persona idónea para garantizar sus intereses en territorio dominicano. Estando el doctor Balaguer exiliado en la ciudad de Nueva York, la administración del presidente Johnson le asignó la misión de evitar que el país se convirtiera en una segunda Cuba en el Caribe. Recordemos que el mundo vivía en gran intensidad las tensiones de la guerra fría y en el momento la ideología comunista ganaba terreno en la mentalidad de los jóvenes a lo largo del continente americano.

El ambiente político que se respiraba en el suelo dominicano hizo que el gobierno provisional de Héctor García Godoy y la cúpula militar impusieran lo que llamaron “operación limpieza”, que no fue otra cosa que medidas de represión para eliminar grupos y organizaciones ligadas a ideales socialistas y comunistas; los principales dirigentes de la revolución (civiles o militares, clubes y sindicatos), fueron asociados por los invasores a la izquierda durante las luchas iniciadas el 24 de Abril de 1965. Tras una serie de negociaciones y algunos convenios con la Organización de Estados Americanos (OEA), se determinó que muchos de esos dirigentes fueran enviados al exilio, pero los que se negaron y optaron por permanecer en el país, algunos fueron asesinados, encarcelados o perseguidos por el régimen de Joaquín Balaguer.

En medio de aquella vorágine apareció el caballo de carreras conocido como “Felo Flores” el que captó la atención pública y se convirtió en un ídolo que desvió toda la atención de la política, hacia las apuestas a las carreras de caballos. La población se mostraba delirante ante las actuaciones de Felo Flores en el hipódromo Perla Antillana. El ejemplar como abeja reina, parecía tener el control de la conducta colectiva del pueblo, conquistó las simpatías en todos los sectores en la sociedad dominicana y tenía el efecto de un bálsamo a favor del gobierno en su afán por mantener controlada la población y eliminar el empuje de la izquierda sin que la gente notara lo que pasaba, la sociedad estaba entretenida los tres días de la semana en que se ofrecían las carteleras de carreras de caballos. Aquello fue el reflejo de un circo, que al parecer estuvo bien orquestado, el país carecía de verdaderos líderes de multitudes y la población se inclinó ante las patas de un animal convertido en un ídolo de las masas.

La euforia por el ejemplar Fello Flores era tal, que el hipismo se extendió por los todos los rincones de la geografía nacional, y una gran mayoría de los dominicanos (personas que nunca habían oído hablar sobre apuestas o carreras de caballos), esperaba las carteleras con verdadero entusiasmo, y las apuestas en las bancas alcanzaron sumas nunca antes vistas y todas recaían en Felo Flores, el caballo favorito que resultaba ganador en las categorías en las que competía.

Casi todo el quehacer social y comercial se detenía el día de las carreras en las que participaba caballo Felo Flores, en los barrios las bancas se abarrotaban y las multitudes se aglutinaban en las gradas del Perla Antillana, aquello parecía un circo que no perdía de vista la figura principal, en este caso el caballo Felo Flores se constituía en el protagonista de cuatro patas, que acaparaba toda la atención y hacía que la población, que no pensara más que en la victoria y su llegada a la meta en la delantera

Máximo Gómez: Su regreso amargo a la ciudad de Santo Domingo.

Máximo Gómez: Su regreso amargo a la ciudad de Santo Domingo.

Por José C. Novas.

El siguiente fue un episodio real de la historia dominicana, ocurrió en la ciudad de Santo Domingo a finales del año 1885, y tuvo como personaje central al legendario general Máximo Gómez, nativo de Bani y una de las espadas más brillantes en las luchas libertadoras de la patria cubana. El general Máximo Gómez llegó al puerto de Santo Domingo el 2 de Noviembre de 1885 en un barco procedente de la ciudad de Nueva York.

El audaz guerrillero llevaba más de veinte años dedicado a las luchas por la liberación de la isla de Cuba y la sociedad dominicana, consiente de la magnitud de sus hazañas en la manigua, celebró la llegada del notable combatiente antillanista. Coincidió el regreso del distinguido general con un levantamiento armado proclamado en la provincia de Azua bajo el liderazgo del temible general Cesáreo Guillermo. El dia de su regreso ocupaba la presidencia de la República el general Francisco Gregorio Billini, que en esos dias fue forzado a renunciar y se expandió el rumor que ligaba su visita con las acciones de guerra que se sucedían en Azua.

Pero la realidad era otra, el verdadero motivo de su viaje tenía relación con la causa revolucionaria cubana, la cual Gómez había asumido como la meta de su vida. Antes de emprender el viaje a Santo Domingo, Gómez y otros líderes del exilio cubano se habían reunido en Nueva York con el Cónsul de la República Dominicana en Hipólito Billini Aristy, hermano del Presidente Francisco Gregorio Billini y amigo personal del general Gómez, ambos habían crecido en la aldea de Bani.

El asunto fue, que por intermedio del Cónsul Billini, el general Gómez logró que el diplomático enviara un cargamento de armas, municiones y pertrechos de guerra al territorio dominicano, el cual hizo figurar como perteneciente al gobierno, para de esa forma cumplir con los trámites legales y evitar sospechas del propósito de las armas, hubo además un acuerdo previo con el general Benito Monción, comandante de armas de la provincia de Montecristi quen debia recibirlas y entregarlas al exilio cubano; así las cosas, cuando el arsenal llega a territorio dominicano, la armas debían entregarse al general Máximo Gómez para usarlas en las acciones rebeldes en Cuba.

Estando el general Gómez en el pais se produjo la renuncia del Presidente Billini, y el cargamento viajaba en un barco de la empresa Clyde Steam Lines hacia el puerto de Montecristi, al llegar la carga, ya era Presidente Alejandrito Gil y bajo sus órdenes, el gobierno se apoderó del cargamento y el hecho generó un reclamo de parte del general Gómez, quien exigió la entrega o en su defecto el pago de su equivalente en dolares, porque hasta el viejo general llegó la información de que el arsenal sería utilizado para sofocar la rebelión en Azua.

El gobierno de Alejandrito se negó a entregar las armas, dada las circunstancias y los rumores que circulaban en la capital sobre el propósito de la llegada de Máximo Gómez y ante la insistencia del general, el 2 de Enero de 1886 se presentó una patrulla dirigida por el gobernador de Santo Domingo general Leopoldo Espaillat, junto al general Isidro Pereyra y el coronel Apolinar Balbuena a la casa de la señora Anita Lugo en el barrio San Carlos donde se hospedaba el general Gómez y allí fue arrestado junto a su sobrino Teléfono Martínez.

Máximo Gómez, a pesar de su fama y prestigio, fue encerrado en la Torre del Homenaje, se generó una serie de protestas y peticiones dirigidas al Presidente Alejandro Woss y Gil, que reclamaban su liberación inmediata. Entre los que acudieron al Presidente Woss y Gil a exigir la libertad del general Gómez y su sobrino el padre Merino y el profesor Hostos.

Se integraron en comision el arzobispo Merino y el profesor Eugenio Maria de Hostos y visitaron al presidente Alejandrito Gil, logrando que ordenara su liberacion, bajo condicion de que fuera montado en un barco que se hallaba anclado en el placer de los estudios, frente a la capital y que lo llevó de vuelta a Nueva York o sea que Gómez fue deportado. Asi terminó el amargo capitulo del regreso de Maximo Gómez a su pais natal, fue expulsado el 8 de Enero de 1886. Existe un documento provatorio sobre la gestion de Merino y Hostos en la disputa y está contenido en la página 54 del libro “La Batuta de Alejandrito” publicado por quien subscribe y en la página 36 del libro Luperon y Hostos, escrito por el historiador Emilio Rodriguez Demorizi.

Trujillo: Un patriotero vulgar y descarado.

Trujillo: Un patriotero vulgar y descarado.

Por José C. Novas.

Para los que reclaman que Trujillo era patriota, dedico esta lectura. He oído decir que el dictador Trujillo era “un patriota”, incluso frente a mi lo ha manifestado gente que dicen tener cierto nivel de formación académica, tengo un amigo que dice que Trujillo era trujillista solamente, y eso tiene mas sentido. A mi juicio los que creen que Trujillo valoraba lo nuestro saben muy poco sobre el comportamiento de ese recio gobernante.

Algunos justifican sus pareceres basados en la actitud asumida por Trujillo contra los inmigrantes haitianos en 1937 y coronan lo que plentean en el supuesto pago de la deuda pública de la nación y digo supuesto pago, porque el país siempre ha acudido al crédito y siempre ha tenido deudas.

Demás está señalar que Trujillo subió al escenario militar, al ruedo político y al plano social en base a los servicios que prestó a favor de los invasores durante el período de ocupación de 1916 a 1924. Pero eso no es todo, los hechos demuestran que el dictador en su conducta no valoraba mucho el talento interno y que sobrepasó con creces la reputación que la tradición le atribuye al cacique aborigen Guacanagarix. Todo lo relacionado al extranjero o provenia de el, para Trujillo tenía prioridad sobre lo criollo, excepto cuando se trataba de los inmigrantes haitianos o con la negritud, esa familia completa era racista.

Veamos algunas razones que reafirman lo planteado anteriormente.

Una vez juramentado Trujillo como presidente de la República en 1930, dentro del programa de reconstrucción de la capital, la cual fue devastada por el ciclón San Zenón, fue construido un segmento de calle que iba desde el puerto de Santo Domingo hasta la calle 19 de Marzo y a sugerencia de Trujillo fue bautizado avenida “US Marine Corp”, la designación respondía al agradecimiento del gobernante a la institución que lo ingresó a la Guardia Nacional en 1918.

Dos años más tarde, o sea en 1932 fue creada la Escuela Militar de Aviación y construido un aeródromo al que le fue designado el nombre de “Aeródromo Lindbergh” en honor al piloto norteamericano que realizó el primer viaje transatlantico y el intercontinental por los países de américa latina. En 1933 fue construido un boulevard que recorría la costa Sur de lo que es hoy la ciudad de Santo Domingo y fue nombrada avenida George Washington, en honor al prócer de la independencia de Estados Unidos, lo cual aún permanece.

Para esa primera etapa de la dictadura fue edificado un hospital en la capital que fue nombrado hospital “Dr. Johnny Marino”, la distinción era para honrar al médico francés que dio atenciones de salud a sus familiares y de igual modo en 1938 cuando se terminó la construcción de otro hospital de la capital, Trujillo sugirió que lo bautizaran con el nombre del Dr. George Marión, otro médico traído al país desde Francia para tratar una grave enfermedad que padecía el dictador.

En 1942 fue levantada una estructura hospitalaria para albergar enfermos de tuberculosis y fue conocido como “El Sanatorio”, el cual a partir de 1966 el fue cerrado, y el edificio le sirvió de local a la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña, a ese hospital o sanatorio lo nombraron “Dr. Joaquín Martos”, un médico cubano especializado en tisiología que se había establecido en el país. En 1944 con motivo del primer centenario de la independencia fue construido el primer aeropuerto comercial de Ciudad Trujillo, en la ocasión el jefe sugirió que la nueva terminal se llamara “Aeropuerto General Andrews” en honor a uno de los comandantes durante la ocupación, por que el dictador sentía gran admiración.

En 1959 fue construido dentro del recinto de la Aviación Militar Dominicana en San Isidro un hospital militar para los servicios de salud de los miembros de la aviación y otros cuerpos armados, la estructura fue nombrada a sugerencia del dictador “hospital Dr. Miguel Brioso Bustillos”, como un reconocimiento a la memoria de un medico cubano que curó a Trujillo de una mortal enfermedad cuando sólo contaba siete años de edad.

La tradicion local dice que, durante los primeros días de la colonia, el cacique Guacanagarix hizo todo lo que pudo para que los europeos que llegaron a la isla se sintieran a gusto, pero si evaluamos el comportamiento de Trujillo, y se hace una comparación con la conducta del cacique, notamos que Trujillo lo superó en grande en su actitud hacia los de afuera, en comparación a su valoración hacia los nativos de la isla.

Una deuda pendiente con el sacrificio de la familia Ogando.

Una deuda pendiente eon el sacrificio de la familia Ogando.

Por José C. Novas.

El general Andrés Ogando murió en el 7 de octubre de 1873, en un combate contra fuerzas leales al presidente Buenaventura Báez, político dominicano que como Pedro Santana se empeñaba entregar el territorio nacional a intereses imperialistas a cambio de poder o beneficios económicos. El audaz guerrero pertenecía a una familia sureña de doce hermanos, de los cuales nueve habían muerto en acciones de guerra durante la Independencia, la Restauración y la guerra de Los Seis Años. La audacia de esta familia fue reafirmada por el prócer José María Cabral y está documentada en las memorias del general restaurador Gregorio Luperón “Notas Autobiográficas y Apuntes Históricos”.

El reconocimiento le sido negado y puesto bajo la sombra insensata de la clase dominante dominicana, que ha colocado el legado de esa familia bajo un sello de olvido; los Ogandos eran verdaderos defensores de la patria. Según el héroe restaurador Gregorio Luperón, “El carácter del general Andrés Ogando era comparable a un templo en la región Sur”, decía que en habilidad militar sólo el general Jose María Cabral lo superaba y como él, sus hermanos Benito, Timoteo, Víctor, Domingo, Fermín, Nemesio y Juana Ogando mostraban valor y gallardía, Juana fue la primera mujer dominicana en ostentar el rango de general.

Personalmente soy de opinión que la historia de esta familia del pasado dominicano debe ser expuesta a las presentes generaciones, para que sepan sobre su dedicación a las luchas por las causas de la patria y el sacrificio que asumieron abonando con su sangre el suelo sureño para evitar que el país se convirtiera en parte de Haití, en provincia de España o en posesión territorial de Estados Unidos en la segunda etapa del siglo XlX. Uno de los más se valientes soldados de aquel linaje lo fue Andrés Ogando, conocido en la región el apodo de “Mano Ogando”.

Cuenta el general Luperón en su obra que cuando se produjo la muerte en combate del general Andrés Ogando, su caída se constituyó una tragedia que enlutó a la región sur, porque era muy querido en las demarcaciones de San Juan de la Maguana, Barahona, Las Matas de Farfán y Neyba; cuando cayó mortalmente herido, perdió el país una de las espadas que con mayor gallardía defendió la soberanía nacional.

El hecho se produjo en el paraje El Cambronal, en la Sierra de Bahoruco, frente al avance de las tropas del presidente Buenaventura Báez, el cadáver de Ogando quedó tirado en un cerro de aquella zona bajo el ardiente sol y a fin de darle sepultura con los honores que merecía, se ordenó el rescate de su cuerpo, tarea que fue encomendada al audaz coronel Ulises Heureaux, alias Lilís, ese día 7 de octubre murió un prócer y nació un héroe bajo una lluvia de disparos se realizó la hazaña de rescatar al soldado muerto, por esa acción Lilís fue proclamado con el rango de general.

Andrés Ogando no tenía historial académico, tampoco acumuló riquezas y era mulato como la mayoría de los dominicanos; quizás por no tener abolengo ni arraigo social es que su memoria cayó al olvido; nuestra capital honra a George Washington, John F. Kennedy, Abraham Lincoln, Winston Churchill, Charles De Gaulle, Hipólito Irigoyen, Charles Sumner, Jose Ortega y Gasset, Tiradentes, Barney Morgan, Mahanma Ghandi; existen las avenidas Francia, España, México, la calle Paraguay; tuvimos el aeropuerto general Andrews y los hospitales William Morgan y George Marión, se reconocen próceres de otros paises, pero no hay una calle, plaza o avenida que honre la memoria del soldado de la patria que fuera Andrés Ogando o algunos de sus hermanos.

Constituye una paradoja que ninguno de los nueve miembros de esa familia que se sacrificaron por defender el pais se le reconozca y recuerde de manera oficial; la actitud de los sectores dominantes que toman decisiones para beneficiar figuras extranjeras, ponen de lado a los nacionales, aunque tengan méritos de sobra; calles, escuelas, autopistas, carreteras, municipios y barrios llevan nombres de figuras extranjeras o de naciones amigas, pero carecemos de espacios que honren la memoria del general Andrés Ogando o de alguno de sus hermanos, verdaderos defensores de la soberanía, que penosamente, sólo viven en el recuerdo de unos pocos.

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