Escrutinio Digital

Author Archives

Un ídolo inusual en medio de la Guerra Fría.

Por José C. Novas.

Finalizada la guerra de Abril de 1965 en República Dominicana, conflicto que motivo la invasión parcial de la ciudad de Santo Domingo por marines norteamericanos y que posteriormente llevó a los poderes imperiales y económicos de Estados Unidos a escoger al doctor Joaquín Balaguer como la persona idónea para garantizar sus intereses en territorio dominicano. Estando el doctor Balaguer exiliado en la ciudad de Nueva York, la administración del presidente Johnson le asignó la misión de evitar que el país se convirtiera en una segunda Cuba en el Caribe. Recordemos que el mundo vivía en gran intensidad las tensiones de la guerra fría y en el momento la ideología comunista ganaba terreno en la mentalidad de los jóvenes a lo largo del continente americano.

El ambiente político que se respiraba en el suelo dominicano hizo que el gobierno provisional de Héctor García Godoy y la cúpula militar impusieran lo que llamaron “operación limpieza”, que no fue otra cosa que medidas de represión para eliminar grupos y organizaciones ligadas a ideales socialistas y comunistas; los principales dirigentes de la revolución (civiles o militares, clubes y sindicatos), fueron asociados por los invasores a la izquierda durante las luchas iniciadas el 24 de Abril de 1965. Tras una serie de negociaciones y algunos convenios con la Organización de Estados Americanos (OEA), se determinó que muchos de esos dirigentes fueran enviados al exilio, pero los que se negaron y optaron por permanecer en el país, algunos fueron asesinados, encarcelados o perseguidos por el régimen de Joaquín Balaguer.

En medio de aquella vorágine apareció el caballo de carreras conocido como “Felo Flores” el que captó la atención pública y se convirtió en un ídolo que desvió toda la atención de la política, hacia las apuestas a las carreras de caballos. La población se mostraba delirante ante las actuaciones de Felo Flores en el hipódromo Perla Antillana. El ejemplar como abeja reina, parecía tener el control de la conducta colectiva del pueblo, conquistó las simpatías en todos los sectores en la sociedad dominicana y tenía el efecto de un bálsamo a favor del gobierno en su afán por mantener controlada la población y eliminar el empuje de la izquierda sin que la gente notara lo que pasaba, la sociedad estaba entretenida los tres días de la semana en que se ofrecían las carteleras de carreras de caballos. Aquello fue el reflejo de un circo, que al parecer estuvo bien orquestado, el país carecía de verdaderos líderes de multitudes y la población se inclinó ante las patas de un animal convertido en un ídolo de las masas.

La euforia por el ejemplar Fello Flores era tal, que el hipismo se extendió por los todos los rincones de la geografía nacional, y una gran mayoría de los dominicanos (personas que nunca habían oído hablar sobre apuestas o carreras de caballos), esperaba las carteleras con verdadero entusiasmo, y las apuestas en las bancas alcanzaron sumas nunca antes vistas y todas recaían en Felo Flores, el caballo favorito que resultaba ganador en las categorías en las que competía.

Casi todo el quehacer social y comercial se detenía el día de las carreras en las que participaba caballo Felo Flores, en los barrios las bancas se abarrotaban y las multitudes se aglutinaban en las gradas del Perla Antillana, aquello parecía un circo que no perdía de vista la figura principal, en este caso el caballo Felo Flores se constituía en el protagonista de cuatro patas, que acaparaba toda la atención y hacía que la población, que no pensara más que en la victoria y su llegada a la meta en la delantera

Máximo Gómez: Su regreso amargo a la ciudad de Santo Domingo.

Máximo Gómez: Su regreso amargo a la ciudad de Santo Domingo.

Por José C. Novas.

El siguiente fue un episodio real de la historia dominicana, ocurrió en la ciudad de Santo Domingo a finales del año 1885, y tuvo como personaje central al legendario general Máximo Gómez, nativo de Bani y una de las espadas más brillantes en las luchas libertadoras de la patria cubana. El general Máximo Gómez llegó al puerto de Santo Domingo el 2 de Noviembre de 1885 en un barco procedente de la ciudad de Nueva York.

El audaz guerrillero llevaba más de veinte años dedicado a las luchas por la liberación de la isla de Cuba y la sociedad dominicana, consiente de la magnitud de sus hazañas en la manigua, celebró la llegada del notable combatiente antillanista. Coincidió el regreso del distinguido general con un levantamiento armado proclamado en la provincia de Azua bajo el liderazgo del temible general Cesáreo Guillermo. El dia de su regreso ocupaba la presidencia de la República el general Francisco Gregorio Billini, que en esos dias fue forzado a renunciar y se expandió el rumor que ligaba su visita con las acciones de guerra que se sucedían en Azua.

Pero la realidad era otra, el verdadero motivo de su viaje tenía relación con la causa revolucionaria cubana, la cual Gómez había asumido como la meta de su vida. Antes de emprender el viaje a Santo Domingo, Gómez y otros líderes del exilio cubano se habían reunido en Nueva York con el Cónsul de la República Dominicana en Hipólito Billini Aristy, hermano del Presidente Francisco Gregorio Billini y amigo personal del general Gómez, ambos habían crecido en la aldea de Bani.

El asunto fue, que por intermedio del Cónsul Billini, el general Gómez logró que el diplomático enviara un cargamento de armas, municiones y pertrechos de guerra al territorio dominicano, el cual hizo figurar como perteneciente al gobierno, para de esa forma cumplir con los trámites legales y evitar sospechas del propósito de las armas, hubo además un acuerdo previo con el general Benito Monción, comandante de armas de la provincia de Montecristi quen debia recibirlas y entregarlas al exilio cubano; así las cosas, cuando el arsenal llega a territorio dominicano, la armas debían entregarse al general Máximo Gómez para usarlas en las acciones rebeldes en Cuba.

Estando el general Gómez en el pais se produjo la renuncia del Presidente Billini, y el cargamento viajaba en un barco de la empresa Clyde Steam Lines hacia el puerto de Montecristi, al llegar la carga, ya era Presidente Alejandrito Gil y bajo sus órdenes, el gobierno se apoderó del cargamento y el hecho generó un reclamo de parte del general Gómez, quien exigió la entrega o en su defecto el pago de su equivalente en dolares, porque hasta el viejo general llegó la información de que el arsenal sería utilizado para sofocar la rebelión en Azua.

El gobierno de Alejandrito se negó a entregar las armas, dada las circunstancias y los rumores que circulaban en la capital sobre el propósito de la llegada de Máximo Gómez y ante la insistencia del general, el 2 de Enero de 1886 se presentó una patrulla dirigida por el gobernador de Santo Domingo general Leopoldo Espaillat, junto al general Isidro Pereyra y el coronel Apolinar Balbuena a la casa de la señora Anita Lugo en el barrio San Carlos donde se hospedaba el general Gómez y allí fue arrestado junto a su sobrino Teléfono Martínez.

Máximo Gómez, a pesar de su fama y prestigio, fue encerrado en la Torre del Homenaje, se generó una serie de protestas y peticiones dirigidas al Presidente Alejandro Woss y Gil, que reclamaban su liberación inmediata. Entre los que acudieron al Presidente Woss y Gil a exigir la libertad del general Gómez y su sobrino el padre Merino y el profesor Hostos.

Se integraron en comision el arzobispo Merino y el profesor Eugenio Maria de Hostos y visitaron al presidente Alejandrito Gil, logrando que ordenara su liberacion, bajo condicion de que fuera montado en un barco que se hallaba anclado en el placer de los estudios, frente a la capital y que lo llevó de vuelta a Nueva York o sea que Gómez fue deportado. Asi terminó el amargo capitulo del regreso de Maximo Gómez a su pais natal, fue expulsado el 8 de Enero de 1886. Existe un documento provatorio sobre la gestion de Merino y Hostos en la disputa y está contenido en la página 54 del libro “La Batuta de Alejandrito” publicado por quien subscribe y en la página 36 del libro Luperon y Hostos, escrito por el historiador Emilio Rodriguez Demorizi.

Trujillo: Un patriotero vulgar y descarado.

Trujillo: Un patriotero vulgar y descarado.

Por José C. Novas.

Para los que reclaman que Trujillo era patriota, dedico esta lectura. He oído decir que el dictador Trujillo era “un patriota”, incluso frente a mi lo ha manifestado gente que dicen tener cierto nivel de formación académica, tengo un amigo que dice que Trujillo era trujillista solamente, y eso tiene mas sentido. A mi juicio los que creen que Trujillo valoraba lo nuestro saben muy poco sobre el comportamiento de ese recio gobernante.

Algunos justifican sus pareceres basados en la actitud asumida por Trujillo contra los inmigrantes haitianos en 1937 y coronan lo que plentean en el supuesto pago de la deuda pública de la nación y digo supuesto pago, porque el país siempre ha acudido al crédito y siempre ha tenido deudas.

Demás está señalar que Trujillo subió al escenario militar, al ruedo político y al plano social en base a los servicios que prestó a favor de los invasores durante el período de ocupación de 1916 a 1924. Pero eso no es todo, los hechos demuestran que el dictador en su conducta no valoraba mucho el talento interno y que sobrepasó con creces la reputación que la tradición le atribuye al cacique aborigen Guacanagarix. Todo lo relacionado al extranjero o provenia de el, para Trujillo tenía prioridad sobre lo criollo, excepto cuando se trataba de los inmigrantes haitianos o con la negritud, esa familia completa era racista.

Veamos algunas razones que reafirman lo planteado anteriormente.

Una vez juramentado Trujillo como presidente de la República en 1930, dentro del programa de reconstrucción de la capital, la cual fue devastada por el ciclón San Zenón, fue construido un segmento de calle que iba desde el puerto de Santo Domingo hasta la calle 19 de Marzo y a sugerencia de Trujillo fue bautizado avenida “US Marine Corp”, la designación respondía al agradecimiento del gobernante a la institución que lo ingresó a la Guardia Nacional en 1918.

Dos años más tarde, o sea en 1932 fue creada la Escuela Militar de Aviación y construido un aeródromo al que le fue designado el nombre de “Aeródromo Lindbergh” en honor al piloto norteamericano que realizó el primer viaje transatlantico y el intercontinental por los países de américa latina. En 1933 fue construido un boulevard que recorría la costa Sur de lo que es hoy la ciudad de Santo Domingo y fue nombrada avenida George Washington, en honor al prócer de la independencia de Estados Unidos, lo cual aún permanece.

Para esa primera etapa de la dictadura fue edificado un hospital en la capital que fue nombrado hospital “Dr. Johnny Marino”, la distinción era para honrar al médico francés que dio atenciones de salud a sus familiares y de igual modo en 1938 cuando se terminó la construcción de otro hospital de la capital, Trujillo sugirió que lo bautizaran con el nombre del Dr. George Marión, otro médico traído al país desde Francia para tratar una grave enfermedad que padecía el dictador.

En 1942 fue levantada una estructura hospitalaria para albergar enfermos de tuberculosis y fue conocido como “El Sanatorio”, el cual a partir de 1966 el fue cerrado, y el edificio le sirvió de local a la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña, a ese hospital o sanatorio lo nombraron “Dr. Joaquín Martos”, un médico cubano especializado en tisiología que se había establecido en el país. En 1944 con motivo del primer centenario de la independencia fue construido el primer aeropuerto comercial de Ciudad Trujillo, en la ocasión el jefe sugirió que la nueva terminal se llamara “Aeropuerto General Andrews” en honor a uno de los comandantes durante la ocupación, por que el dictador sentía gran admiración.

En 1959 fue construido dentro del recinto de la Aviación Militar Dominicana en San Isidro un hospital militar para los servicios de salud de los miembros de la aviación y otros cuerpos armados, la estructura fue nombrada a sugerencia del dictador “hospital Dr. Miguel Brioso Bustillos”, como un reconocimiento a la memoria de un medico cubano que curó a Trujillo de una mortal enfermedad cuando sólo contaba siete años de edad.

La tradicion local dice que, durante los primeros días de la colonia, el cacique Guacanagarix hizo todo lo que pudo para que los europeos que llegaron a la isla se sintieran a gusto, pero si evaluamos el comportamiento de Trujillo, y se hace una comparación con la conducta del cacique, notamos que Trujillo lo superó en grande en su actitud hacia los de afuera, en comparación a su valoración hacia los nativos de la isla.

Una deuda pendiente con el sacrificio de la familia Ogando.

Una deuda pendiente eon el sacrificio de la familia Ogando.

Por José C. Novas.

El general Andrés Ogando murió en el 7 de octubre de 1873, en un combate contra fuerzas leales al presidente Buenaventura Báez, político dominicano que como Pedro Santana se empeñaba entregar el territorio nacional a intereses imperialistas a cambio de poder o beneficios económicos. El audaz guerrero pertenecía a una familia sureña de doce hermanos, de los cuales nueve habían muerto en acciones de guerra durante la Independencia, la Restauración y la guerra de Los Seis Años. La audacia de esta familia fue reafirmada por el prócer José María Cabral y está documentada en las memorias del general restaurador Gregorio Luperón “Notas Autobiográficas y Apuntes Históricos”.

El reconocimiento le sido negado y puesto bajo la sombra insensata de la clase dominante dominicana, que ha colocado el legado de esa familia bajo un sello de olvido; los Ogandos eran verdaderos defensores de la patria. Según el héroe restaurador Gregorio Luperón, “El carácter del general Andrés Ogando era comparable a un templo en la región Sur”, decía que en habilidad militar sólo el general Jose María Cabral lo superaba y como él, sus hermanos Benito, Timoteo, Víctor, Domingo, Fermín, Nemesio y Juana Ogando mostraban valor y gallardía, Juana fue la primera mujer dominicana en ostentar el rango de general.

Personalmente soy de opinión que la historia de esta familia del pasado dominicano debe ser expuesta a las presentes generaciones, para que sepan sobre su dedicación a las luchas por las causas de la patria y el sacrificio que asumieron abonando con su sangre el suelo sureño para evitar que el país se convirtiera en parte de Haití, en provincia de España o en posesión territorial de Estados Unidos en la segunda etapa del siglo XlX. Uno de los más se valientes soldados de aquel linaje lo fue Andrés Ogando, conocido en la región el apodo de “Mano Ogando”.

Cuenta el general Luperón en su obra que cuando se produjo la muerte en combate del general Andrés Ogando, su caída se constituyó una tragedia que enlutó a la región sur, porque era muy querido en las demarcaciones de San Juan de la Maguana, Barahona, Las Matas de Farfán y Neyba; cuando cayó mortalmente herido, perdió el país una de las espadas que con mayor gallardía defendió la soberanía nacional.

El hecho se produjo en el paraje El Cambronal, en la Sierra de Bahoruco, frente al avance de las tropas del presidente Buenaventura Báez, el cadáver de Ogando quedó tirado en un cerro de aquella zona bajo el ardiente sol y a fin de darle sepultura con los honores que merecía, se ordenó el rescate de su cuerpo, tarea que fue encomendada al audaz coronel Ulises Heureaux, alias Lilís, ese día 7 de octubre murió un prócer y nació un héroe bajo una lluvia de disparos se realizó la hazaña de rescatar al soldado muerto, por esa acción Lilís fue proclamado con el rango de general.

Andrés Ogando no tenía historial académico, tampoco acumuló riquezas y era mulato como la mayoría de los dominicanos; quizás por no tener abolengo ni arraigo social es que su memoria cayó al olvido; nuestra capital honra a George Washington, John F. Kennedy, Abraham Lincoln, Winston Churchill, Charles De Gaulle, Hipólito Irigoyen, Charles Sumner, Jose Ortega y Gasset, Tiradentes, Barney Morgan, Mahanma Ghandi; existen las avenidas Francia, España, México, la calle Paraguay; tuvimos el aeropuerto general Andrews y los hospitales William Morgan y George Marión, se reconocen próceres de otros paises, pero no hay una calle, plaza o avenida que honre la memoria del soldado de la patria que fuera Andrés Ogando o algunos de sus hermanos.

Constituye una paradoja que ninguno de los nueve miembros de esa familia que se sacrificaron por defender el pais se le reconozca y recuerde de manera oficial; la actitud de los sectores dominantes que toman decisiones para beneficiar figuras extranjeras, ponen de lado a los nacionales, aunque tengan méritos de sobra; calles, escuelas, autopistas, carreteras, municipios y barrios llevan nombres de figuras extranjeras o de naciones amigas, pero carecemos de espacios que honren la memoria del general Andrés Ogando o de alguno de sus hermanos, verdaderos defensores de la soberanía, que penosamente, sólo viven en el recuerdo de unos pocos.

Una opinión personal sobre Juan Pablo Duarte.

Una opinión personal sobre Juan Pablo Duarte.

Por José Novas.

El pueblo dominicano reconoce a Juan Pablo Duarte como el inspirador de la idea que culminó con la creación de la República en 1844. La distinción de “Padre de la Patria” a nuestro parecer es justa, como lo establece la ley su figura y titulo es perenne e inamovible.

Pero lo que quisiéramos explicar en torno a Duarte es el aspecto con el que los dominicanos nos identificamos al sólo escuchar su nombre; me refiero a la imagen del prócer de la patria, la misma que aparece en las monedas, en las paredes de entidades del gobierno, en museos e instituciones culturales, en monumentos históricos, en estatuas, etc.

Duarte nació el 26 de Enero de 1813 y para el 16 de Julio de 1838, cuando contaba 25 años y tras varios años de actividad y luchas políticas, proclamó la sociedad secreta La Trinitaria, que vino a ser el primer partido político en lo que sería después la nación dominicana; o sea que a muy temprana edad Duarte poseía la visión de crear un país libre e independiente de toda potencia extranjera.

Al ser proclamada la separación de Haití en 1844, Duarte contaba la edad de 31 años, otra hazaña poco común si se compara con otros próceres nacionales de cualquier parte del planeta, que casi siempre son personas muy mayores. Lo que quiero puntualizar en esta nota es que la gran obra de Juan Pablo Duarte se produjo cuando disfrutaba de plena juventud, por lo que no entiendo la razón o bajo que criterio se nos ha presentado su imagen como la de un hombre de avanzada edad, si lo mejor de sus aportes fueron cuando tenía los bríos y la energía de la juventud. Sería más saludable si se presenta a un Duarte joven y enérgico para que la actual generación de hombres y mujeres jóvenes se sientan identificados con su legado y lo imiten para bien de todos. Que viva la patria, aunque algunos se empeñen en disolverla, jamas los permitiremos.

Entre Adolfo Hitler y Món Cáceres, una fábula.

Por José Novas.

Entre Adolfo Hitler y Món Cáceres, una fábula.

Por José Novas.

El consenso universal expone como el más cruel de los dictadores que conoce la humanidad al alemán Adolfo Hitler, tuvo ese personaje alrededor de su niñez una cadena de circunstancias que posiblemente trastornaron su carácter de adulto. Entre las cosas en la vida Hitler, provenía de una familia humilde y su infancia fue de grandes dificultades porque su padre era el que generaba ingresos y quedó huérfano antes de cumplir 12, debió forjarse su propio destino, lanzándose al mercado laboral.

Como Hitler no tenía herencia, se vio forzado a buscar trabajo sin haber completado un oficio que le permitiera ganar ingresos para una vida holgada y se convirtió en jornalero. En la historia de su vida dijo que aspiraba convertirse en un artista, pero ello no fue posible y que de joven poseía el don de la palabra y habilidad para pronunciar discursos.

Con el tiempo sus dotes en la oratoria lo convirtieron en dirigente obrero y en una protesta que organizó para exigir derechos de los trabajadores fue arrestado, juzgado y condenado a cárcel. Durante su presidio escribió lo que había sido su vida hasta ese momento y al cumplir condena la obra fue publicada y le abrió las puertas del escenario político alemán, en general esa fue la entrada de Hitler al ruedo público.

En lo relacionado a Hitler con la historia dominicana, el nexo más conocido es el que tiene que ver con la llegada de refugiados judíos a Sosua a partir de 1940. Pero, aunque usted no lo crea, Hitler tuvo otro vínculo con nuestro país, y un aspecto de su conducta emulaba las acciones de Ramón Cáceres como gobernante, se trata de la implementación de campos de concentraciones, medida que ya había tomado un dictador criollo en nuestro país. La comparación parece exagerada, pero trataré de explicarla; cuando Hitler ascendió al poder en la Alemania de 1933, una de sus primeras iniciativas fue la persecución de sus adversarios, al extremo de confinarlos en campos de concentración a lo largo de Alemania, sus motivos cambiaron después, pero para entonces eran fundamentalmente políticos. Caceres hizo algo parecido pero los motivos eran otros.

Entre los muchos dictadores que tuvo República Dominicana durante el siglo 19, los más notorios fueron Pedro Santana, Buenaventura Báez y Ulises Heureaux, a pesar de lo crueles que fueron sus acciones, ninguno llegó al extremo en que se colocó Ramón Cáceres a principios del siglo 20 cuando asumió el despacho presidencial. Aquí es donde reside el paralelismo entre el Hitler de Alemania y el dictador dominicano, El general Ramón Cáceres fue el único de los gobernantes criollos que ha establecido campos de concentración en perjuicio de sus conciudadanos, como lo hizo más tarde Hitler en su nación, la diferencia era que Cáceres, como Guacanagarix actuó para beneficiar a intereses extranjeros.

Para tomar control de la linea noroeste Ramón Cáceres se trasladó con su estado mayor a la ciudad de Montecristi, allí declaró la Ley Marcial, y ordenó concentrar las poblaciones, destruir la agricultura y los animales e impuso un toque de queda que no se moviera nadie, y según el historiador Rufino Martínez “el que el que no cumplía por cualquier razón era brutalmente exterminado”; en la región noroeste operaban los grupos que se oponían o reclamaban iniciativas a su gobierno.

A pesar de esa actitud represiva, la figura Ramón Cáceres posee un museo en su honor y cuyo proposito es promover su legado, eso no lo tienen otros próceres de la patria, ademas, el dictador ha sido expuesto por algunos historiadores como un gobernante de orden, progreso y de paz, lo que para mí constituye una fábula que se cae sola y por su propio peso, el tiempo ha demostrado que la historia es como una semilla cuando cae en terreno fértil, germina, aflora y crece robusta si las condiciones son favorables. Un análisis sobre la conducta pública del dictador Cáceres está disponible en el libro titulado: El Presidente Cáceres: Fabula del progreso, el orden y la paz, disponible en versión digital en el portal amazon, con sólo pulsar José C. Novas en el buscador de amazon.com.

 

Diplomacia del garrote, fantasma detrás de la Convención de 1907. (2)

 

Diplomacia del garrote, fantasma detrás de la Convención de 1907. (2)

Por José C. Novas.

Durante la administración del presidente Theodore Roosevelt en Estados Unidos, fueron líderes de la nación dominicana Juan Isidro Jimenes, Horacio Vásquez, Alejandro Woss y Gil, Carlos Morales Languasco y Ramon Cáceres. De 1902 a 1907 bajo sus mandatos nacía la “Diplomacia del garrote” y Washington impuso a la nación dominicana 5 tratados que lesionaban las recaudaciones en las aduanas y ello generaba inestabilidad en la política interna.

Motivados por la diplomacia del garrote, los vicepresidentes Horacio Vásquez primero y Ramón Cáceres dieron golpes de Estado a Juan Isidro Jimenes y Carlos Morales Languasco respectivamente, y siendo Alejandrito Gil prisionero organizó desde la cárcel una conspiración que dio al traste con la presidencia de Horacio Vásquez en 1903 y que forzó a Juan Isidro Jimenes a refugiarse en Estados Unidos, Horacio Vásquez y Ramon Cáceres huyeron hacia Cuba.

Basado en desacuerdos sobre las recaudaciones de las aduanas dominicanas el presidente Theodore Roosevelt instruyó su secretario de Estado John Milton Hay contactar los líderes dominicanos en el exilio para desplazar del poder al general Alejandro Woss y Gil.

Para ello el secretario John M. Hay comisionó los almirantes George Dewey, Albert C. Dillingham y Charles D. Sigsbee para que se reunieran con Juan Isidro Jimenes, y en Cuba con los generales Horacio Vásquez y Ramon Cáceres, en Octubre de 1903 llegaron a Montecristi y se pusieron de acuerdo con los caudillos opositores al presidente Woss y Gil, encabezando la conspiración el gobernador de Puerto Plata Carlos Morales Languasco, a pesar que era un desconocido si se comparaba a los líderes exiliados, así estalla la rebelión unionista, auspiciada desde Washington. La información aparece en la página 43 de la Correspondencia de la Legación de Estados Unidos en Santo Domingo de 1903, editada por Government Printing Office de Washington D.C. en 1905 y que está disponible para los interesados en la Biblioteca del Congreso en Washington, D.C.

Sobre la trama anterior (hasta donde sabemos) no está contenida los textos de historia dominicana, a pesar que para la época fueron testigos historiadores de la talla de José Gabriel García, Federico García Godoy, Manuel Ubaldo Gómez, Américo Lugo, Antonio Hoepelman, Max Henríquez Ureña y Manuel de Js. Troncoso de la Concha, entre otros. La proclama del gobernador Morales fue lanzada el 24 de octubre de 1903, y lo llevó a la presidencia de la República, lo hizo con el apoyo de Estados Unidos y la complicidad de los líderes más importantes que entonces eran Horacio Vásquez, Juan Isidro Jimenes, Desiderio Arias y Ramon Cáceres.

Pero ello no es el único aspecto poco difundido de aquel período. Hubo una misión encomendada por el presidente Roosevelt al profesor Jacob H. Hollander (decano de la facultad de economía de la Universidad Johns Hopkins), a quien le ordenó viajar a Republica Dominicana a recolectar datos sobre las finanzas y la deuda pública con la banca y los acreedores de Wall Street. El Dr. Hollander recorrió a caballo las principales ciudades del país y elaboró un informe de 350 páginas que tituló “Hollander Report on Debt of Santo Domingo by Jacob H. Hollander, Special Commissioner to the President Theodore Roosevelt”. El propósito de la misión Hollander está contenido en la página 11, dicho reporte, que le fue entregado al presidente Roosevelt, pero poco es lo que se dice sobre ello en los libros de historia dominicana, el informe fue editado por Government Printing Office, Washington, D.C. 1905 y está disponible en la Biblioteca del Congreso.

La Correspondencia de la Legación en Santo Domingo tambien fue editada en 1905 y en su página 2 establece que entre 1903 y 1906 la República Dominicana y Haití fueron objeto de un bloqueo naval, ordenado por el presidente Roosevelt y ese dato coincide con otros en la Colección de Documentos del Secretario de Estado Elihu Root en las paginas 467, 468, 469 y 470, lo sorprendente es que el embargo de 1903 no se menciona en los textos de historia dominicana, a pesar que el país fue rodeado por más de 50 buques de guerra durante tres años. Los documentos de Elihu Root fueron editados por Government Printing Office en 1908, y están disponibles en la Biblioteca del Congreso, cito en el Distrito de Columbia.

Los hechos citados anteriormente constituyen eslabones perdidos para la crónica del pasado del país, y esa ha sido la constante desde la colonia hasta el presente, de ahí nuestra preocupacion por recoger datos que casual o con intencion (no lo sé) los cronistas optan por ignorar o no incluir. Son muchos los eventos que hemos recopilado en distintos libros sobre las motivaciones de la Convención de 1907 y otros aspectos historicos, que no aparecen en textos tradicionales de historia dominicana, por ello recomendamos la lectura de los libros Lilis y los Agentes del Tio Sam, La Batuta de Alejandrito, El Presidente Cáceres, Fábula del Progreso, el Orden y la Paz y Los Gavilleros y la lucha nacionalista contra la ocupación 1916-1924, todos disponibles en las redes y los que puede adquirir solo pulsar José C. Novas en el buscador del portal amazon.com.

La diplomacia del garrote, el fantasma ligado a la Convención de 1907.

 

Por José C. Novas.

Uno de los períodos de la historia dominicana expuesto con mayores confusiones es el que va desde 1899 (cuando fue asesinado el dictador Ulises Heureaux) hasta 1916 cuando se produce la primera intervención militar de la República y que duró hasta 1924, o sea que le fue impuesto un gobierno militar que duró ocho años.
Los cronistas de la historia cuando abordan ese espacio de tiempo, argumentan que el principal motivo del envío de tropas fue por violación de lo que establecía en la Convención de 1907 y el incumplimiento de pagos a cuotas de la deuda externa, esos fue lo que anunció el país invasor, pero el tiempo ha demostrado que hubo otras razones mucho más poderosas que las que se siguen sustentando en nuestros días.
Basado en referencias y documentos archivados en instituciones de Estados Unidos, soy de opinión que la Convención de 1907 germinó con la juramentación del presidente Theodore Roosevelt de Estados Unidos, un gobernante que creía en la imposición de iniciativas a favor de su país a través de acciones navales y militares. A su administración se atribuye la frase conocida como “diplomacia del garrote” (Big stick diplomacy) impuesta al hemisferio de Iberoamérica.
Fue durante el mandato de Theodore Roosevelt cuando inició la construcción del Canal de Panamá una estructura consideraba necesaria en las operaciones comerciales que se habían proyectado para llevar a Estados Unidos a controlar la economía mundial, y que proclamó en su discurso anual de rendición de cuentas de 1903. De acuerdo con el gobernante, esa hegemonía duraría más de 300 años favoreciendo a su nación, visión que hasta el momento ha resultado acertada y efectiva.
El poderío naval de Estados Unidos impuso la idea de Roosevelt y para iniciarlo, contó con la combinación de políticos colombianos, que tomaron una provincia de ese país y proclamaron la República de Panamá. A cambio del apoyo de Roosevelt, Panamá otorgó a Estados Unidos control de la zona del Canal por un periodo de 100 años. Después había que diseñar un esquema para garantizar lo que sería el tráfico comercial entre el Pacífico y el Atlántico a través del istmo y ello en parte vino a constituirse en la imposición de una serie de tratados al gobierno dominicano, siempre basados en la posición estratégica de la isla en la ruta comercial hacia los puertos de la región Este de Estados Unidos.
De esas iniciativas emanadas en la Casa Blanca se origina el Protocolo de 1902, el Laudo de 1904, la Convención de 1905, el Modus Vivendi en 1905 y la Convención de 1907, este último fue un tratado que entregó el control de las recaudaciones de las aduanas dominicana a colectores extranjeros, nombrados por el gobierno de Estados Unidos. Para ello fue necesario aglutinar a los que el fundador de la República llamaba “malos dominicanos”, en referencia a aquellos que estaban dispuestos a entregar la soberanía y los recursos nacionales a intereses ultramarinos a cambio de bienestar económico.
La responsabilidad histórica de esa conducta criolla para favorecer a sectores extranjeros recae sobre los líderes políticos de la época, junto a los sectores dominantes de la sociedad dominicana y algunas empresas, que defendieron sus intereses económicos y optaron por sacrificar la nación, incluyendo la prenda más preciada: su soberanía. Seria una falta al deber si no los mencionamos por sus nombres o apellidos, para que las generaciones actuales conozcan quienes fueron los judas de la patria en el pasado y los que descienden de ellos y que ahora siguen empujándola hacia su desaparición.
De aquella desgracia comparten la responsabilidad los presidentes Horacio Vásquez, Juan Isidro Jimenes, Alejandrito Gil, Carlos Morales Languasco, Ramón Cáceres que en su condición de gobernantes durante aquel proceso no supieron defender la dignidad nacional, a ellos cae el peso de las consecuencias, por haber promovido o aceptado dichos convenios, que en ningún momento fueron bilaterales, sino por imposición de la llamada “diplomacia del garrote”, la cual hizo conocer públicamente el presidente Theodore Roosevelt. Pero esos líderes políticos no actuaron sólos, hubo dominicanos prestantes que también participación en la elaboración de esos arreglos entre los que resaltan Francisco Leonte Vásquez, Manuel de Jesús Galván, Francisco Henríquez y Carvajal, Federico Velásquez, Juan Francisco Sánchez, Emiliano Tejera, Casimiro de Moya, Jose Dolores Alfonseca, Luis Pelletier, Manuel Lamarche, Fidelio Despradel, Frencisco J. Peynado, Mariano A. Cestero, Miguel Angel Garrido,Casimiro Cordero, Alvaro Loogrono, Andrés Navarro, Desiderio Arias, Miguel A. Pichardo y la lista es larga si se incluye a todos.
Entre las empresas financieras que veían como buena y válida para la estabilidad económica destacaban la de Cosme Batlle, la Casa Vicini, la Casa Jimenes y la Corporación Michelena, que también comparten su cuota de complicidad en el proceso que llevó a la firma de la Convención de 1907, con sus consecuencias.
A pesar de lo antes expuesto, los cronistas de la historia local o extranjera atribuyen la invasión al incumplimiento de los pagos a las cuotas de la deuda externa del país, y a la violación de los acápites de dicho tratado en 1916, ese fue el argumento usado por los invasores para justificar la presencia de soldados en suelo dominicano, pero ello no significa que esa sea la verdad absoluta sobre los motivos. Con los marines se perdió ka soberanía, se produjo la disolución del gobierno establecido y se impuso la Ley Marcial en perjuicio del pueblo dominicano.

Y la pregunta es: ¿Qué justificación habrían tenido en otros países o territorios en los que habían intervenido antes o en los que intervinieron después, pero que no tenían con Estados Unidos tratados como la Convención de 1907?

Sólo si se replantea la exposición general de la historia dominicana, y de ese periodo en particular, podríamos hallar las respuestas a esas interrogantes.

En una próxima entrega abordaré aspectos e iniciativas tomadas durante esa etapa que no aparecen en los textos de historia y que consideramos esenciales para la crónica de nuestras luchas pretéritas, citaré los documentos que las sustentan y los archivos donde se encuentran, para que el público interesado si lo desea tenga acceso y no permita que le vendan gato por liebre. Mas sobre esos temas en una variedad de libros en el portal amazon, con solo pulsar Jose C. Novas en la ventana de buequeda de amazon.com.

Una justicia ciega, sorda y también muda.

Una justicia ciega, sorda y también muda.

Por José C. Novas.

Recientemente el escritor, poeta y político dominicano Tony Raful ha lanzado a la opinión publica una especie de torpedo con la denuncia sobre la posibilidad de que el excoronel del ejército dominicano Johnny Abbes García pudiera estar vivo aún, en avanzada edad, y quizás viviendo en la ciudad de Nueva York bajo una identidad falsa. No creo que Tony Raful se aventure a decir por simple capricho cosas que pudieran lesionar su reputación de escritor, poeta y político; la denuncia, aun cuando ni la afirmamos ni la negamos, merece atención de los investigadores por la magnitud de las acusaciones de las que ha sido objeto Johnny Abbes, a quien se tiene como el arquitecto de un sistema de torturas y ejecutor del trabajo sucio en la última etapa de la dictadura.

Durante el régimen de Rafael L. Trujillo fue acuñada la frase “Mis mejores amigos son los hombres de trabajo”, ese estribillo fue usado como parte de la propaganda a favor del tirano; el propio Trujillo la repetía, hasta se llegó a insertar en algunos merengues laudatorios al gobernante. Por tal razón la frase se escuchó por toda la geografía nacional entre 1930 y 1961.

Hubo un aspecto entre los amigos del jefe poco observado, aquellos cuya verdadera función era realizar el “trabajo infame”, y que después de muerto el dictador, afloraron con reputación criminal, pero pero que murieron impunes en la tranquilidad de sus hogares, sin que la justicia les diera el castigo por los actos cometidos durante el régimen. La protección neotrujillista se encargó proteger desde el poder a centenares de reputados matones que operaban desde el gobierno. Para consumar la impunidad hubo pactos secretos, se usaron posiciones sociales, económicas y cargos en el Estado. Los mejores amigos del dictador Trujillo por lo general formaban parte de su entorno o militaban en su partido, algunos reconocidos como verdaderos ases del crimen, a los que el jefe otorgaba rangos militares o puestos importantes en el gobierno.

Podemos citar los casos de los generales Felipe Ciprián (Larguito), José María Alcántara, el recordado jefe del Sisal de Azua, Simón Díaz, Tancredo “Quero” Saviñón, Federico Fiallo, Arturo Espaillat, los coroneles Johnny Abbes García, David Hart Dottin, Víctor A. Peña Rivera y otros civiles vinculados con el crimen de Estado y por motivaciones políticas como fueron los casos sospechosos de Manuel de Moya Alonzo y el propio Joaquín Balaguer. Tras la caída de la dictadura la población los acusaba de cometer horrendos criminales, pero la impotencia se impuso y los “amigos del jefe” nunca fueron procesados en los tribunales.

Citaré ejemplos de notorios criminales o desapariciones durante la dictadura, ya sea cumpliendo órdenes del “Jefe” o por iniciativa propia cegaron la vida de valiosos dominicanos. Félix W. Bernardino quien fue acusado el 28 de diciembre de 1930 de matar al señor Amable Dalmasí en la región Este, por ese crimen Bernardino fue hallado culpable y lo condenaron a prisión. No obstante, Trujillo lo indultó, lo nombró en el cuerpo diplomático y lo distinguió con su amistad. Se dice que por iniciativa de Bernardino murieron decenas de personas, pero vivió tranquilamente en una finca del Seibo hasta su muerte en avanzada edad y amparado por las autoridades en los gobiernos de Balaguer.

A principios de la Era de Trujillo, siendo capitán del ejército nacional Ludovino Fernández en un arranque de celos mató a balazos al ciudadano Antonio Mario Contreras, quien era el compañero sentimental de la que había sido su esposa Danila Fernández, y de la cual estaba divorciado. Durante el acto criminal el iracundo Ludovino también hirió gravemente a su exmujer. No obstante haber cometido el hecho, el dictador Trujillo lo mantuvo en las filas del ejército, le otorgó rangos y lo asignó en posiciones militares y policiales de importancia. Posteriormente el inefable Ludovino acribilló a balazos varios presos que cumplían condena por el asalto a un banco de Santiago, o sea, el propio Ludovino les aplicó “la pena de muerte”. Ludovino murió asesinado en San Juan de la Maguana por un miembro del ejército nacional inconforme con el trato que le daba el coronel.

Otro de los “amigos de Trujillo” lo fue el general José Estrella, militar importante durante el régimen y de quien se dice que fue el soldado que capturó al entonces senador por la provincia de Montecristi Desiderio Arias y que no se conformó con matarlo, sino que ordenó decapitarlo para mostrarle la cabeza a Trujillo; el cadáver de Desiderio Arias fue exhibido en una carreta por las calles de la ciudad de Santiago para que sirviera de escarmiento a la población. La impronta criminal del general José Estrella fue larga, antes se le acusó de matar al ciudadano Felipe Roca en el paraje La Herradura y fue procesado de preñar a tres hermanas en un campo del Cibao en las que había menores de edad, por lo que fue condenado a 20 años de cárcel.

Otro personaje “amigo de Trujillo” lo fue Luís Silverio Gómez, un oficial del Ejército que después de su retiro de la guardia fue diputado al Congreso por el Partido Dominicano, a pesar que había sido condenado por matar al dirigente opositor Virgilio Martínez Reyna. Otro caso notorio fue el de Amable Botello en región Este reputado por sus desmanes en la zona y ocupó cargos públicos importantes, incluyendo el de gobernador provincial, Botello había cumplido condena por muerte un ciudadano de nombre José Martínez.

Está documentado que el capitán Octavio de la Maza mató a Luís Bernardino en un incidente ocurrido en el interior de la Embajada dominicana en Londres; sin embargo, después de cometer el crimen fue ingresado como oficial piloto de la aviación militar dominicana y trabajó como copiloto de la empresa Dominicana de Aviación propiedad del dictador; Octavio de la Maza murió en un confuso incidente dentro de una cárcel en la capital y se reportó como un suicidio. El ciudadano Fernando Sánchez Cabral era miembro de una destacada familia trujillista, ocupó altos cargos durante la dictadura, a pesar que había asesinado al ciudadano James Palmer.

Otro reputado fue Segundo Imbert Barrera, que alcanzó el rango de mayor del ejército nacional, a pesar que su historial carcelario revelaba que cumplió condena por haber matado los sindicalistas Luis Espinosa y Papito Tavárez durante una disputa laboral en el ingenio Montellano, del cual el mayor Imbert Barrera era al momento uno de los ejecutivos.

Lo que cabe preguntar es a que se refería el dictador Trujillo cuando decir que sus mejores amigos eran los hombres de trabajo ¿A qué tipo de labor y cuál era el trasfondo que imprimía a la frase? Aquel rufián de la política dominicana. posiblemente apuntaba hacia a la carnicería humana, eso no lo sabemos. De lo que sí estamos seguro es que la mayoría de los autores intelectuales o materiales de los crímenes antes citados durante la dictadura, terminaron sus vidas como si nada, protegidos por la impunidad de neotrujillismo, que no fueron tocados por la justicia dominicana, porque al parecer es sorda, ciega y también muda.

El pan Quico: Lectura para capitaleños solamente.

 

Para capitaleños solamente: El pan Quico.

Por José C. Novas.

Si la producción en gran escala de pan y galletas tiene su historia en la capital dominicana, el punto de partida debe ubicarse en una estructura de la calle Duarte llamado “Edificio Caro” en 1926, era propiedad del señor Francisco Caro, alias Quico, quien abrió allí la “Panadería Quico”, negocio que mas tarde se convirtió en un ícono de la industria del pan, llegando a penetrar a todos los hogares de la ciudad de Santo Domingo.

En una edición de 1926 en la revista “Blanco y Negro” encontramos una reseña en la que se expone que la panadería Quico abrió sus puertas en el Edificio Caro y que estaba equipada con lo mejor que la modernidad disponía para la época, hornos de gas y de carbón vegetal, con puertas y parrillas metálicas. Tan importante fue el proyecto comercial de Quico Caro, que a su acto de apertura asistió el Secretario de Estado de Salud y Beneficiencia Pública Pedro A. Ricart en representación del Presidente Horacio Vásquez y el local fue bendecido por el presbítero Eliseo Pérez Sánchez, que entonces era Secretario del Arzobispado de Santo Domingo.

La panadería Quico tuvo tanto éxito, que fue necesario abrir sucursales en los distintos barrios de la capital, una de las mas populares se ubicaba en la esquina de las calles Santomé con Padre Billini de la zona intramuros. Mas tarde en las décadas de los cincuentas y los sesentas, la panadería Quico tenía una flotilla de vehiculos de motor y triciclos que se convirtieron en fuente de trabajo para decenas de choferes y cientos de panaderos, los cuales distribuían el pan y las galletas Quico por toda la ciudad, la demanda del pan Quico era extraordinaria.

Quien de mi generación y la de nuestros padres no lo recuerda, todo el que vivió y creció en la capital para la época en que la panadería Quico operaba a toda capacidad, recordará sus deliciosas galletas y el suculento pan de Quico, la variedad de su repostería ofertaba ademas dulces y bizcochos, se puede decir sin temor a equivocarse que la panadería Quico fue la pionera de la industria del pan en la capital dominicana.

Tweets Recientes
Siguenos