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Colaboraciones

Crónica de dos rebeldes cimarrones.

Por José C. Novas.

Existen muchos lugares en el planeta, donde habitantes por la gallardía de sus actos pueden sin dudas catalogarse de indomables, es que la naturaleza humana enfrenta al que se sube al trono del opresor. La isla de Santo Domingo, cuya historia ha sido como un laboratorio gladiadores en la lucha por la libertad y el honor. Rodeada por el mar Caribe al Sur y el Océano Atlántico al Norte, ubicada en el archipiélago del Caribe, su pasado es mas que fascinante.

Desde la llegada de los europeos y el inicio de la colonización en América, cada metro de la geografía de esta isla ha sido teatro episodios heróicos. Allí inició el cristianismo y se hicieron los primeros asentamientos en América, con aciertos y desaciertos; desde el inicio de la evangelizaron se produjeron actos de rebeldía, primero de parte de los nativos en defensa de lo que por siglos creían suyo después por los esclavos negros traidos desde África. De los nativos destacaron las figuras Caonabo, Anacaona, Tamayo, Bohechío, Guarocuya, Enriquillo, y sabrá Dios cuantos más que no fueron recogidos por las crónicas.

Se afirma que a consecuencia de esas luchas se produjo el exterminio de los pobladores originales, y la tradición escrita establece que sólo salvaron sus vidas un reducido numero de seguidores de Enriquillo, con quienes los colonizadores debido a las presiones tuvieron que negociar la paz. A partir del año 1501, los reyes de España asociados al clero católico, autorizaron imponer en las nuevas tierras el sistema de esclavitud de negros africanos y para 1503 inició en la isla de Santo Domingo este negocio, cuya materia (porque los negros no eran considerados seres humanos) eran traídos desde África, donde los cazaban como animales. La esclavitud de los negros africanos tuvo el favor de las oligarquías europeas y el consentimiento del Papa en el Vaticano, las grandes riquezas que hoy ostentan algunas naciones europeas y la iglesia católica, se originaron en parte de los beneficios generados durante la colonización con la venta de esclavos negros.

El sistema de la esclavitud se regía mediante un código que era el mismo en todas las regiones, su severidad era extrema, delitos simples si eran cometido por el amo o sus capataces, podían llevar a un esclavo a grandes sufrimientos y hasta perder la vida, si la ofensa era calificada de grave. El negro africano y sus descendientes no tenían derechos, para ellos no eran seres humanos, sino objetos para la venta o el trabajo. Ese trato y los castigos originaron las rebeldías, fugas y conflictos entre amos y esclavos, y de los enfrentamientos más notorios entre uno y otro, fue el conocido como cimarronaje, que era cuando los esclavos escapaban y se internaban en las montanas para combatir a los amos.

Uno de los primeros fugitivos o cimarrones que logro notoriedad lo fue el negro llamado Sebastian Lemba, esclavo africano que escapó de sus amos y le causó grandes bajas a las élites blancas en la isla, Lemba se internó en las montañas, organizó a otros fugitivos y le produjo grandes pérdidas a los colonizadores por un período de diez anos, fue finalmente capturado y decapitado, su cabeza colgada en el portón de entrada a la ciudad capital (Puerta de la Misericordia), para que su craneo sirviera de lección a los demás esclavos al pasar por el lugar, a raíz de la ejecución el negro esclavo la entrada a la ciudad amurallada era llamada “La Puerta de Lemba”.

La desgracia de Sebastián Lemba se consumó en 1557, y entre ese año y 1758, o sea dos siglos mas tarde, emergió en el lado francés de la isla, otro esclavo del mismo origen y estirpe, de nombre Francois Makandal, igual que Lemba, Makandal se alzo en rebeldia contra el amo opresor y cuando fue capturado lo quemaron vivo en una plaza de la ciudad de Le Cap. Entre las muertes de Lemba y Makandal fueron muchos los combates y acciones de los fugitivos esclavos contra los colonos que le oprimían, entre las que registran los historiadores, se recuerda la organizada por los hermanos Ogé, que al ser capturados, los mutilaron y los decapitaron para exponer las cabezas en una plaza pública; la mayoría de esos hechos no fueron documentados, porque los esclavos negros les era prohibido aprender a escribir, y los que llevaban registros o crónicas, eran los que los combatían, o sea los colonizadores esclavistas.

El lider rebelde Macandal se había internado en las montañas entre 1748 y 1758 y se movía sobre las cordillera, se dice que había perdido un brazo entre las ruedas de un trapiche azucarero, y que se organizó con un grupo de esclavos estimado en 400 fugitivos, con los que le dió duros golpes a los colonos. Macandal usaba las tácticas de las guerrillas con sorpresivas emboscadas, que incendiaba lo que hallaba a su paso y produjo ataques rápidos por un lapso de diez años.

Se cree que la reputación de Macandal fue la que inspiró a otro hijo de esclavos africanos llamado Toussaint L’Overture, quien lanzó en 1793 una insurrección, tan intensa, que dominó la isla completa y pronunció la abolición de la esclavitud en todo su territorio, consecuencia de este hecho fue creada la República de Haití, nación que por la historia de sus póceres merece mejor suerte.

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