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Latinas que sacudieron a Hollywood.

 

Por Jose C. Novas.

Una mirada a lo que planten los expertos del cine, nos conduce a la convicción de que el período entre 1940 y 1960 constituye La Edad de Oro de la pantalla gigante, la razón es que en ese lapso surgieron las figuras de mayor relieve en la historia de la industria y fue entonces  cuando apareció el llamado “glamour” de Hollywood.

Hubo grandes figuras masculinas para esta época, pero el atractivo femenino de aquella etapa, dominado por tres actrices de belleza inigualable, eclipso todo lo demás; dotadas por un “sexappeal” nunca antes visto, captaron la imaginación de los entusiastas de las grandes salas, fueron estas María Montez, Rita Hayworth y Marilyn Monroe, tres monumentos de la historia mundial del cine.

¿Pero que había en común en esas tres mujeres convertidas en divas del cine? Además del talento, había otras cosas compartidas, todas fueron acreedoras magia, magnetismo y atracción inexplicable que las llevó a conquistar primero a los norteamericanos y posteriormente al mundo, pese a que vivían en un país matizado por la segregación y los prejuicios; las tres compartían el origen latino o iberoamericano, pero ello no impidió la corona del éxito.

Ello explica porqué acudieron al uso de nombres artísticos, o sea distintos al que aparecía en sus actas de nacimiento, así, una criolla dominicana nacida en Barahona llamada María Africa Gracia Vidal fue para la industria María Montez. De igual modo Rita Hayworth que había nacido en Brooklyn, y cuyo padre era un español que hizo vida artística en México, tenia por nombre Margarita Carmen Cancino. El caso de  Marilyn Monroe, era hija de una mujer de nombre Gladys, ciudadana mexicana que había nacido en el pueblito de Las Piedras, al nacer Marylin se llamaba Norma, pero su nombre posteriormente le fue cambiado.

Se dirá lo que se quiera, pero una cosa es segura: el aspecto femenino y la sangre latina dominaron el periodo conocido como la edad de oro de Hollywood, sus figuras mas idolatradas compartían eso en comun, aunque hoy en contraste con el pasado se construyan murallas al Sur de Estados Unidos para evitar el flujo de migrantes de origen latino, podrán hacer lo que quieran, pero ahi está la memoria de las divas María Montez, Rita Hayworth y Marilyn Monroe para desmentir a los que creen que los latinos no aportamos a la historia de los Estados Unidos.

Veganos en la batalla de Santiago.

Por Jesús Méndez Jiminián
“Por desesperada que sea la causa de mi Patria, siempre será la causa del honor y siempre estaré dispuesto a honrar su enseña con mi sangre.”
                         Juan Pablo Duarte (1813-1876)
 El norteamericano Samuel Hazard, quien en una misión especial de sus país, los Estados Unidos, vino a nuestro país en 1872, es decir, veintiocho años después de haber tenido lugar, en Santiago de los Caballeros, la histórica Batalla del 30 de Marzo, señaló, que para entonces esta ciudad tenia una población de unos 8,000 habitantes, “compuesta principalmente de blancos, en general – dice el visitante norteamericano- tan educados e inteligentes como puedan encontrarse en cualquier lugar”.
Santiago por aquellos años y, antes de 1844, había sido sometida a ataques de franceses, bucaneros y haitianos, siendo en una ocasión “destruída por Dessalines”. Contaba esta ciudad al producirse la Batalla del 30 de Marzo, con contadas casas de piedra; sus callejones estaban cubiertos de hierba.
El 30 de marzo de 1925, en la Logia “Nuevo Mundo” No. 5 ubicada actualmente en la calle Mella esquina Restauración de Santiago, se celebró un acto de recordación, con algunos sobrevivientes de la Batalla de Santiago. De estos, Arturo Bueno en su obra “Santiago quien te vio y quien te ve” menciona al señor Pedro Rodríguez, alias Pijín, tamborileño, quien participó en la memorable gesta bajo las órdenes del capitán Juan B. Martínez, integrado un grupo de cuarenta Jóvenes que enfrentaron a los invasores haitianos.
Señaló Rodríguez, que al enterarse el grupo de la proximidad de los invasores a Santiago, el día 28 de marzo de 1844, se apostaron en el llamado “Fuerte de Dios” a esperarlos para dar la batalla. Y afirmó, que desde  ese lugar como a las dos de la tarde el 30 de marzo, comenzaron a escuchar estruendosas voces de: ¡Salten las trincheras! ¡Machetes con ellos! “por lo que nosotros – dice- … bajamos del cerro (es decir, del “Fuerte de Dios”, ubicado próximo al cementerio, en la hoy calle 30 de Marzo, n. de j.m.j) y comenzamos ‘la carga’”, es de suponerse que la llamada “Carga del machete”, señala Arturo Bueno.
Según Rodríguez, fue aquella una lucha cuerpo a cuerpo que duró aproximadamente unas tres horas. En esa gloriosa gesta brillaron soldados dominicanos de la talla de: José María Imbert, Fernando Valerio, Archile Michel, Toribio Ramírez y Marcos Trinidad, estos últimos veganos, entre otros.
“El 30 de marzo desembocaron los cuatro mil haitianos de Pierrot en la sabana de Gurabito (en la hoy parte baja de Santiago, n. de j.m.j); en esa sabana… El general Imbert se había hecho cargo de la defensa de Santiago”.
J. Antonio Hungría en su trabajo titulado “La Batalla de Santiago”, destaca los aportes que hicieron, además de los mencionados, Juan Luis y Román Franco Bidó, José María López, José Hungría, Lorenzo Mieses, Juan Garrido, Remigio Daniel y otros tantos, “que sacrificaron todo- señala-, hasta su vida por la libertad y por su patria…”
Y agrega Hungría; que:
“A las 5 dela tarde, y después de honroso pugilato, el ejército haitiano se retiraba completamente derrotado al Oeste de la sabana y desde allí, más tarde, para su territorio”.
En un comunicado, que con fecha 5 de abril de 1844, dirigiera el destacado héroe de la Batalla de Santiago, general José María Imbert, a la Junta Central Gubernativa dirigida por don Tomás Bobadilla y Briones, le expresó lo siguiente al respecto:
“El enemigo – dice Imbert- no dejó en el campo de batalla menos de seiscientos muertos, y según el efecto que produce la metralla, el número de heridos ha de ser mucho mayor…”
Por su lado, el general José María López, otro de los héroes, destaca que entre “los que se distinguieron aquel día (es decir, el 30 de marzo de 1844, n. de j.m.j.) fueron el capitán Bonilla (Santiago, n. de j.m.j.), el general Valerio, el general Ángel Reyes, comandante Manengo Rojas, Coronel Ramírez (Toribio, vegano, n. de j.m.j.) (…) pero le cupo la gloria al general Imbert que era el que mandaba en Jefe”, (ver pág. 86, en la “Guerra Dominico-Haitiana”, Editorial El Diario, Santo Domingo, 1944).
“A la una de la tarde (del 30 de marzo, n. de j.m.j.) aun no había el general Imbert concluido su plan de defensa cuando se presenta el enemigo en columnas cerradas atacando la ciudad (…) eran tantas las bajas sufridas en el ejército haitiano (pocas horas después, n. de j.m.j.), debido a la metralla de los fuertes “Dios”, “Patria” y “Libertad” y los fuegos de las tropas atrincheradas, que el general Pierrot se vio obligado a pedir una suspensión de armas…”
Hubo una entrevista con Pierrot antes de la retirada de sus tropas, donde le informaron que el general haitiano Charles Herard Riviere, había muerto en combate el 19 de marzo de 1844, en Azua. A Pierrot no le quedó otra opción que retirarse con las tropas que le quedaban hacia Haití.
Por el batallón de veganos que participaron en esta histórica gesta, estaba al frente el capitán Toribio Ramírez, quien “defendió heroicamente el terreno”, que ocupaban sus tropas. En ese batallón participó, además un mulato de Jamo llamado Marcos Trinidad, primo de la única mujer del batallón, Juana Trinidad, o mejor dicho Juana Saltitopa o “La Coronela”. El capitán Trinidad logró en esta batalla “desarticular a muchas de las más agresivas columnas haitianas”, apunta Carlos Acevedo en su obra “Libro dorado de Santiago”.
En ese mismo orden, nos dice Acevedo que:
“…. Saltitopa, quien estuvo desde temprano en el frente, se abrazó a una muy peculiar manera de enfrentar al enemigo de guerra: inyectando encendidas dosis de chispeante estimulo, y ejercitando la acción teatral del ademán, para insertar a los patriotas a la lucha vencedora”.
De igual forma, sigue diciendo Acevedo, transportaba agua desde el río Yaque, si “había necesidad de enfriar los cañones que ardían por el fuego incensaste” (p.138).
Don Mario Concepción, vegano, en su obra “La Concepción de La Vega”, aporta otros nombres de los soldados de este pueblo en tan memorable acontecimiento, y señala a: Manuel Mejía, Juan de la Cruz, Juan Francisco Guillermo, “que se había pasado de parte de los haitianos”; José Rafael Gómez, Pablo Germosén, Tito Santos, entre otros.
Lo cierto es, que la participación de La Vega junto a los pueblos cibaeños de San Francisco de Macorís, Puerto Plata, Jánico, San José de Las Matas y Sabana Iglesia, rindió sus buenos frutos, por la valentía y el arrojo de sus dignos soldados.
¡Loor eterna a los valerosos soldados dominicanos de esta memorable gesta, que afianzó la libertad e independencia de nuestro pueblo heroico en este 168 aniversario!.
La Vega, R.D.
30 de marzo de 2012.
El autor es ingeniero, escritor, miembro de la Academia Dominicana de la Historia y de la “Catedra José Martí” en la UASD.

Una mujer de estatura universal.

Por Jose C. Novas

Una vez fue proclamado el proyecto de la nación dominicana el 27 de Febrero de 1844, se produjo un cambio en las relaciones sociopolíticas del nuevo país con el la nación en la parte oeste de la isla de Santo Domingo; lo auspiciaba el general Pedro Santana, hubo un giro en la dirección política en la nueva República que a su vez generó las desavenencias de su primera etapa, sobre todo en perjuicio de los miembros del movimiento clandestino que auspició la formación del país.

No fue casualidad la conducta mostrada por el general Pedro Santana, algo similar pasó dentro del liderazgo la revolución francesa en 1789 y tras la rebelión bolchvique en 1917. Entre los independentistas, una vez proclamada la República, algunos integrantes se apartaron de los principios que la inspiraron y se alinearon al general Santana que no creía en la soberanía. Los que sostuvieron sus ideas entraron en conflicto de intereses, motivados por las dos tendencias, una quería la patria absolutamente libre y otra buscaba protección en una nación poderosa que le sirviera de sombrilla.

La tendencia liberadora marcó el destino de María Trinidad Sánchez, hasta convertirla en la primera mujer mártir que tuvo la República; la conspiración no tardó en conformarse, y al ser descubierta, varios de sus miembros fueron apresados y sometidos a un juicio al vapor que los condujo al cadalso; María Trinidad Sánchez fue fusilada el 27 de Febrero de 1845, paradójicamente en el primer aniversario de la proclama que dejó formada la República.

Si se observa la entrega por la y sacrificio de María Trinidad Sánchez, podía sin temor decirse que era mujer de estatura troyana, tenía en su haber un historial de luchas y mérito por sus acciones armadas, a nuestro juicio la figura de esa noble dominicana aún esta pendiente del reconocimiento, quizás consecuencia del efecto de una sociedad tradicionalmente machista, que ha operado en la isla desde tiempos de la colonización.

A la hora de su muerte María Trinidad Sánchez tenía ganado un sitial en la historia de las luchas patrióticas junto otras mujeres integradas a la sociedad La Trinitaria, en general de ellas poco se conoce, aun fueran parte del proceso de formación del primer partido político que registra la historia dominicana. Maria Trinidad Sánchez como figura histórica guarda paralelo con mujeres de otras naciones, que hoy son consideradas mártires universales, su final no fue distinto al de Juana de Arco en la Francia de 1431 y no difiere al de Fanya Kaplan durante la revolución bolchevique en Rusia, al de Rosa de Luxemburgo en Alemania o el de Dolores Ibárruri Gómez en la España de la guerra civil.  En cada caso fueron ejecutadas por el hecho de exigir libertad y transformaciones a beneficio las mayorías.

En su visión patriótica Maria Trinidad Sánchez pudo anticipar las intenciones del general Pedro Santana, consideraba que era un acto de traición a lo planteado en la iniciativa trinitaria, por ello decidió unirse a una conspiración para echarlo del poder. Hay que recordar que Santana desde la presidencia impulsaba el protectorado en un país dividido por las diferencias raciales y económicas, las tensiones aumentaron cuando gestionó la protección de Estados Unidos, país que todavía era esclavista, y se temía que Santana restableciera la esclavitud en territorio dominicano.

La composición racial dominicana era factor de clasificación social y tuvo mucho que ver con la actitud de los conspiradores; se sabe que María Trinidad Sánchez en su aspecto físico social lucia negra y era pobre; de haberse concretado la idea de Santana, es posible que la mayoría de los dominicanos fueran colocados de nuevo en la condición de esclavos, y las capas bajas de la sociedad pertenecía a ese grupo racial, en cambio en la clase dominante había un reducido grupo de dominicanos que como sus antepasados europeos pasarían a vivir al estilo de las familias reales de aquel continente.

María Trinidad Sánchez trató de evitarlo y para ello se abrazó al único medio que tenía a su alcance: la conspiración; descubierta la trama fue juzgada a toda velocidad, como era el estilo de la época fue fusilada a pesar de que voces autorizadas pidieron clemencia por su vida. Su connotación histórica nos indica que para esta mujer aún está pendiente el reconocimiento, primero por los dominicanos y luego en el plano universal, su sacrificio igual al de Juana de Arco en Francia, Fanya Kaplan en Rusia, Rosa Luxemburgo en Alemania, Dolores Ibárruri en España y Emma Goldman en Estados Unidos, tuvo un trasfondo social y político, su pecado la exigencia de transformaciones a favor de las mayorías bajo auspicio del estado soberano. Les tomó siglos a los franceses y al mundo para reconocer la connotación de Juana de Arco y la colocaran en el pedestal que la historia le tenía reservado.

Igual ocurrió tras la caída de la monarquía de los Czares en Rusia, hubo que esperar décadas, para a se desplomaran los muros de separación en Alemania; la estructura del Kremlin fue estremecida por los cambios para que fueran declaradas mártires de sus pueblos y se levantaran en su honor las estatuas correspondientes; ahí está el recuerdo de María Trinidad Sánchez y toca a los dominicanos del presente y el futuro reverenciarla, la esperanza esta viva, un día el pueblo despertará del letargo para erigir con bronce y mármol su figura a la par de Atenas o Machu Pichu, para que su estatua sea testigo por siglos de su sacrificio, se recuerde por todos los confines del planeta, y sirva de ejemplo a la raza humana.

Trujillo, un dictador atrevido.

Por José C. Novas.
En general la conducta del dictador Rafael L. Trujillo (gobernante de los dominicanos entre 1930 y 1961) ha sido ampliamente estudiada y expuesta; se han escrito libros, revistas, artículos, conferencias, documentales y debates que forman parte de la gran reserva en la exposición de las acciones de ese férreo dictador. Las múltiples facetas de Trujillo como figura pública son abundantes, en cambio hay una de ellas que a nuestro juicio ha sido poco observada: el dictador Rafael L. Trujillo era atrevido.
Sabía el Jefe que su mandato tenía el respaldo del gobierno de Estados Unidos que había sentado las bases de la política criolla durante el periodo de ocupación entre 1916 y 1924; en otras palabras Trujillo era la garantía para los intereses de las empresas norteamericanas en el país; pero a pesar de lo antes dicho, Trujillo metió las uñas en terreno prohibido dentro del esquema de dominio global de Estados Unidos. A Trujillo se le fue la mano, y llevó sus tenáculos a espacios restringidos para los “amigos” de otras naciones, como el espionaje y manipulación, ese fue el caso de la ingerencia en las ligas negras de béisbol, a las que causó grandes problemas, incluso causo la quiebra de varios equipos destacados.
Los hechos se produjeron durante la temporada regular de 1937, en momentos que el dictador buscaba reelegirse y fue aconsejado por un grupo de dominicanos activistas en su Partido Dominicano, entre los consejeros estaban el doctor Jose Enrique Aybar, Francisco Martínez Alba, Carlos Bonetti Burgos, Orlando Peña Batlle, Rocco Coppano, Rafael Esteva, Heriberto Pellerano, Tancredo Aybar Castellanos, Horacio Alvarez Saviñon, Enrique Alfau y Ramón Imbert entre otros, quienes vendieron a Trujillo la idea de formar el equipo los Dragones de Ciudad Trujillo para elevar su popularidad.
Al equipo de Trujillo se unió lo mas selecto de las ligas negras, así vieron acción en el país jugadores de la talla de Satchel Peige, Josh Gibson, Cy Perkins, Martin Dihigo, Sammy Bankhead, Cool Pappa Bell, Leroy Matlock, que junto a otros de igual talento, los peloteros cayeron seducidos por la fuerza del dinero para que dejaran atrás sus contratos y viajaran a jugar en Ciudad Trujillo. El dictador les pagó salarios, casi iguales a las estrellas de las grandes ligas, cosa que que los afro americanos vieron por primera vez; el entonces Comisionado de basebal Kenesaw Landis mantenía la actitud de no permitir la entrada de jugadores de color a la gran carpa.
La iniciativa de Trujillo de crear a los Dragones forzó la suspensión de la temporada de 1937 para las ligas negras, la razón fue que ese torneo perdió su atractivo, ya que sus mejores jugadores aceptaron integrarse al equipo de Trujillo. El Comisionado Landis indignado por las perdidas que generó la suspensión, solicitó al Departamento de Marina en Washington despachar un barco de guerra a recoger por la fuerza los peloteros disidentes, pero su petición fue rechazada; el escandalo forzo a Trujillo a retirar sus aspiraciones y acudió a un títere para que aceptara ser candidato por su partido; En Estados Unidos lo mas dramático fue que varias novenas de las ligas negras quebraron, incluso los Crawfords de Pittsburgh, equipo de mayor solidez económica y que mas torneos había ganado para esa epoca.

El militar vegano que traicionara a Duarte.

Por Jesús Méndez Jiminián

A mi buen amigo, vegano, y gran duartiano:

César Arturo Abreu y Fernández.

El 13 de julio de 1844, Pedro Santana y Familia fue proclamado por la Junta Central Gubernativa que presidía don Tomás Bobadilla, antiguo aliado de los trinitarios, como Jefe Supremo de la República Dominicana, Agregando éste otorgamiento a otros dos: General de Brigada y Jefe de la Armada Expedicionaria de la Frontera Sur.

La República Dominicana aun vivía, pese a los éxitos, militares logrados en Azua y Santiago, en el mes de marzo  de 1844, bajo las constantes incursiones de tropas haitianas en nuestro territorio. Duarte, a instancias de Mella, que había sido designado Comandante en  Jefe del Cibao se encontraba recorriendo junto algunos compañeros suyos pueblos de esta zona, con la finalidad de concitar apoyo a la nueva causa de los trinitarios.

Sin embargo, el 22 de agosto de 1844, la Junta Gubernativa que ahora presidía el general Santana, en una reunión sostenida por sus miembros, que además de él, integraban Tomas Bobadilla, el general Manuel Jimenes, Félix Mercenario, Toribio Mañón, J. Tomás Medrano, T. Villanueva y Norberto Linares, acusó a Duarte, Sánchez, Mella y demás compañeros que le seguirán por el Cibao, de ser “cómplices de sedición” bajo el alegato infeliz de “trastorno y derrocar el Gobierno Supremo establecido en virtud del Manifiesto del 16 de enero” de 1844.

Es preciso acotar aquí, que a más que de “sedición”, esa Junta Central Gubernativa dirigida por Santana, acusaba a Duarte y sus seguidores de supuestamente incitar a  los pueblos del Cibao;  de querer llevar a cabo una guerra civil. El  general Santana junto a los demás integrantes de la Junta, tomaron como pretexto para adelantar medidas represivas contra Duarte y sus compañeros, una carta sin fecha que había dirigido a Mella el general Francisco del Rosario Sánchez, en la que decía, entre otras cosas, que “devolvería a Santo Domingo a Duarte como Presidente de la Republica”.

Asimismo , la situación tomó otro giro cuando entre los integrantes de la Junta Central  Gubernativa, Santana  hizo ilusión en la referida reunión del 22 de agosto, a otra carta- respuesta de Mella que sí tenía fecha, 19 de julio de 1844, en la que se señalaba que “los pueblos y el ejército del Norte, ansiando por su Gobierno definitivo, han proclamado Presidente de la República Dominicana al general Duarte, con la condición de que salve el país de la dominación extranjera, y que convoque la constituyente y remedie la crisis de la hacienda publica”. Ahí, precisamente encontraron los enemigos de Duarte y los trinitarios el pecado original.

Vale señalar aquí, que en la aludía reunión se utilizaron muchos pretextos más contra Duarte y sus compañeros, pero por razones de espacio no vamos a detallar aquí. Pero, sí debemos subrayar, que de todos esos pretextos resaltaremos  uno que sí llegó a los oídos de Santana en aquellos días; y fue el que supuestamente Duarte y demás trinitarios que le acompañaban por el Cibao, habían seducido al Comandante de la plaza de La Vega, teniente coronel Manuel Mejía pasa que se integrara a su partido, el de los duartistas, y apoyara en consecuencia a Duarte para ocupar la Presidencia de la República.

Manuel Mejía, que “alcanzó la jerarquía de general de brigada”, dice Rafael Chaljub Mejía en su obra “Diccionario biográfico  de los restauradores de la Republica”, al parecer era un militar de “dudas y vacilaciones”. El propio general Gregorio Luperón cuando fue designado  tiempo después, en plena Guerra de la  Restauración (1863-1865), como Jefe de Operaciones en la línea del Este y del Sur, propuso –anota Chaljub Mejía –removerlo, puesto que de él se propagaban entre los soldados restauradores y la misma población de La Vega, ciertos rumores que apuntaban a una falta de confianza en este militar.

Don Mario Concepción, vegano, en su obra “La Concepción de la Vega”, resume según la anotado por Rosa Duarte en sus “Apuntes”, la visita que hiciera su hermano Juan Pablo y sus compañeros a La Vega, con estas palabras: “…el 24 de junio llega (Duarte) al Cotuí donde permanece hasta el 25 que sale pasa la Vega, en donde se encuentran y es recibido por su amigo y compañero de trabajos por la Independencia el Pbro. Dr. Espinosa, acompañado del comandante del pueblo es decir, el general Manuel Mejía, n de j.m.j; y estuvo allí hasta el 27 por complacer a sus amigos y al pueblo que con tantas demostraciones de afecto lo recibió. El 29 salió para Santiago” (p.103).

El general Santana, hombre astuto, taimado, curtido en los campos de batalla y de mucha experiencia militar, observaba aquellos pasos de Duarte y los suyos con cierto recelo. Y el 28 de julio de 1844, en una proclama que lanzó sobre lo acontecido por el Cibao con la presencia de Duarte, según cita Concepción en la referida obra, señaló lo siguiente: “El anarquista Duarte, siempre firme en su loca empresa, se hizo autorizar sin saberse cómo, por la Junta Central Gubernativa, para marchar a La Vega con el especioso pretexto de restablecer la armonía entre el Sr. Cura y las autoridades locales”, (p.104).

Lo último apuntado por Santana, conlleva a pensar que posiblemente había cierto celo entre el padre Espinosa y el general Mejía, específicamente, con la  visita de Duarte y los trinitarios a La Vega.

Lo cierto es, que bajo tales supuestos, o reales argumentos de Manuel Mejía filtrados a Santana sobre los pasos de Duarte por el Cibao, la Junta que él encabezaba y sus demás integrantes tomaron como buena y válida la denuncia en cuestión, es decir, que Duarte, Sánchez, Mella, Pedro A. Piña, Juan  Isidro Pérez, Gregorio del Valle, Juan Jiménez y el capitán Juan José Illas , tenían “un plan  formado para destruir al gobierno”, y proclamar al Padre-fundador de la República a la Presidencia. Pero, es de aclarar aquí, que Duarte no fue proclamado como tal en La Vega, sino en Santiago de los Caballeros días después.

Así, que Santana y demás integrantes de la Junta, en la citada reunión del 22 de agosto, declararon “traidores e infieles  a la patria” a Duarte y los suyos, y como tal los destituyeron de los cargos que ocupaban; y además, los  sentenciaron al destierro a perpetuidad “sin que puedan  volver a poner pie en él”.

Duarte fue hecho preso en Puerta Plata y luego trasladado a la Capital “para de allí igual que lo han sido ya que sus compañeros de infortunio, ser embarcado(s) al extranjero en cumplimiento de la sentencia condenatoria”.No sin antes saberse que iban a ser fusilados.

Se dice, que ante el rumor de fusilamiento de Duarte y sus fieles seguidores, el rico comerciante hebreo en la Capital, Abraham Coen, se acercó al general Santana, y le dijo: “Fusilar a esos hombres? Está usted loco? No señor, de ningún modo; expúlselos usted si cree que le  hacen daño”. Se convierten así Duarte y sus compañeros, dice Emilio Rodríguez Demorizi en su obra “El General Pedro Santana”, en “los primeros dominicanos proscriptos.

 

El autor es ingeniero y profesor universitario, miembro de la academis dominicana de la historia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mural de Diego Rivera en museo de NY (2)

Por Jesús Méndez Jiminián
(2 de 2)
El arte de Diego Rivera actualmente se encuentra esparcido, además de los mencionados lugares, por San Francisco, Detroit y otras grandes ciudades. El Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York recuerda hoy al ilustre pintor mexicano con sus más significativos y alegóricos murales para que quienes visitan Nueva York en estos días puedan apreciarlos.
LOS MURALES DE RIVERA EN EL MOMA
 
1. ZAPATA LÍDER AGRARIO (1931)
Rivera presenta en esta obra al líder de la revolución mexicana, y también defensor de la reforma agraria, Emiliano Zapata. Respecto a este mural los críticos de arte han dicho lo siguiente:
“… La obra de Rivera se aleja de los retratos del rebelde difundidos por el propio Zapata. Jinete diestro (…) se presentó a sí mismo como charro, vaquero cuyo traje deslumbrante… simbolizaba un estatus social elevado en México. La visión que Rivera ofrece de Zapata como un campesino humilde brindan una imagen más intima (…)
2. CARTÓN PARA ZAPATA LÍDER AGRARIO (1931)
Es un cuadro hecho al carbón sobre papel.
En esta obra, Diego Rivera da una “particular atención a la casa de su personaje (Zapata, n. de j.m.j.), líder revolucionario… dotando su rostro de un volumen dramático para distinguirlo de sus seguidores”.
Los personajes que acompañan a Zapata, en esta obra, tienen un rostro de humildad. Son campesinos, hombres de pueblo, del México que sufre en carne propia el oprobio y la injusticia, cuya mirada de melancolía se aprecia en sus rostros. Zapata aparece aquí sujetando fuertemente su fornido corcel, y da majestuosa apariencia de su rabia por el régimen de cosas que entonces imperaba.
Rivera persigue a través de esta obra, que quienes la observen enfoquen su mirada en la posición de los pies de Zapata, alrededor de los cuales se encentraba el cuerpo de uno de los caídos en combate, al parecer, contrario a sus proclamas revolucionarias.
3. CARTÓN PARA LA LIBERACIÓN DEL LEÓN (1931)
Este mural de Rivera que se exhibe en el Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York, es en cartón y grafito sobre papel montado en tela. A través de él, Rivera muestra a un “Labriego, golpeado y abandonado a su muerte (…), bajado de un poste por soldados revolucionarios fraternos que atiende este cuerpo destrozado. El personaje – forma de esclavitud disfrazada por los colonizadores españoles para forzar a los indios a trabajar la tierra – persistió en México hasta el siglo XX (…) el mural ofrece una justificación para la Revolución mexicana”.
Rivera con este mural, al igual que en los demás, logra “transformar imágenes religiosas en narrativa revolucionaria…” a un nivel verdaderamente extraordinario.
4. EL LEVANTAMIENTO (1931)
Este fresco del genial pintor mexicano presenta como temática, en primer plano, a una humilde mujer mexicana cargando a su bebé a cuyo lado aparece un obrero que se defiende, según puede observarse en primer plano, del ataque de un soldado uniformado.
Detrás de esta escena, aparece una multitud de gente descontenta que se defienden de otros soldados, que armas en mano le propinan culatazos a diestra y siniestra.
A principios de los años (del pasado siglo XX, n. de j.m.j.), una era en la que prevaleció el descontento laboral, las imágenes de represión violenta de huelguistas”, se constituía en algo muy común en el México de entonces.
Para muchos artistas de izquierda, además de mucha gente vinculada al arte por aquellos años, los murales de Diego Rivera “impusieron un modelo vigoroso de la pintura mural modera”.
5. ENERGÍA ELÉCTRICA (1931-32)
En este fresco el artista mexicano muestra, tal y como él logró palparlo, en la visita que hiciera a inicios de los años treinta del pasado siglo a la ciudad de Nueva York, el notable impulso que daba la energía eléctrica a la industria. La tecnología se manifestaba entonces, como hoy también, en un tema fundamental en la vida del pueblo norteamericano; a tal grado, que por aquellos días era aprobada en el Congreso Norteamericano una Ley Federal de Energía (1930).
Pocos meses después al indicado año, se daba inicio a la mega construcción de la Presa Hoover. Rivera, en Nueva York, logró captar en aquellos momentos toda la fiebre que bullía en la Babel de Hierro: construcciones por doquier, obreros soldando con sus mascaras, máquinas en continuo movimiento, etc., etc., etc.
En resumen, el tema de la Energía Eléctrica logra captar la “emoción de Rivera al ser testigo directo de (la) industrialización norteamericana”.
6. TACADO NEUMÁTICO (CARTÓN SOBRE PAPEL – 1931)
Este mural fue cedido, para su presentación en el MOMA, por el Museo Dolores Olmedo de Xochimilco, México. Se dice, que un día después del muralista mexicano arribar a la ciudad de Nueva York, el periódico “New York Herald” daba a conocer los propósitos de su visita.
Las figuras (que aparecen en este mural, n.de j.m.j.) en el primer plano usan un taladro neumático y un martillo para penetrar el subsuelo de granito de Manhattan. Rivera imaginó esta alianza, entre el hombre y la máquina como una suerte de fuerza natural”.
Diego Rivera llegó a comentar más tarde sobre este mural, que la escena fue captada por él durante los trabajos que eran realizados para la construcción del Rockefeller Center, en los años iniciales de 1930. Se dice, que para la ocasión, “el artista obtuvo un permiso especial para visitar la construcción”.
7.  FONDOS CONGELADOS (1931-32)
Este fresco del artista fue cedido al MOMA para esta exhibición, al igual que el anterior, por el Museo Dolores Olmedo. El artista muestra en esta obra una singular atracción por los famosos rascacielos de Nueva York.
En la sección media (de la obra, n. de j.m.j), una bodega de acero y cristal da albergue a hilera de hombres dormidos… trabajadores desposeídos que hicieron posible un crecimiento tan extraordinario. Abajo, una sala de espera de un banco, se encuentra un guardián, un empleado y un trio de figuras ansiosas por inspeccionar sus bienes en aumento en una bóveda”.
Estos murales del genial pintor mexicano Diego Rivera, están de exhibición durante este mes de marzo, al igual que otras obras suyas, en el Museo de Arte Moderno  (MOMA) de Nueva York. Esperamos se animen a visitarlo. Será una experiencia única.
Perth Amboy, Nueva Jersey, USA.
22 de febrero del 2012
El autor es ingeniero, escritor, miembro de la Academia Dominicana de la Historia y de la “Cátedra José Martí” de la UASD.   

Murales de Diego Rivera en museo de NY. (1)

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Por Jesús Méndez Jiminián
(1 de 2)
Sin la vida, el arte no existe.
Augusto Rodin (1840-1917)
 
Actualmente, y hasta buena parte del mes de marzo de éste año, 2012, el Museo del Arte Moderno (MOMA) de Nueva York, exhibe una serie de murales y algunas otras obras del destacado muralista mexicano Diego María de la Concepción Juan Nepomuceno Estanislao de la Rivera y Barrientos Acosta y Rodríguez, mejor conocido en el mundo de las artes como Diego Rivera (Guanajuato, 8 de diciembre 1886 – Ciudad de México, 24 de noviembre, 1957).
Diego Rivera nació en el seno de una familia de judíos conversos, es decir, judíos convertidos al catolicismo, que cuando contaba con 10 años de edad se trasladó desde su natal Guanajuato a la capital mexicana, donde obtuvo una beca del gobierno para ingresar en la Academia de Bellas Artes de San Carlos; allí conoció al célebre paisajista José María Velasco. En 1907, a los 21 años, Rivera recibe una ayuda del gobernador de Veracruz, Teodoro A. Dehesa Méndez,  que le permite viajar a España a realizar estudios de las obras de renombrados pintores como El Greco, Goya y Brueghel, ingresando al taller de Eduardo Chicharro, en Madrid. A partir de aquí, el joven pintor alternaría su residencia entre la capital española, México y Francia hasta 1916. Pero además, viaja por Bélgica, Holanda e Inglaterra e Italia.
Durante su estancia en París, Rivera logra hacer amistad, en las célebres reuniones de los artistas de Montparnasse, con destacados intelectuales y colegas suyos de la talla de Pablo Ruíz Picasso, Alfonso Reyes, Ramón María del Valle-Inclán, la pintora rusa Angelina Petrovna Belova, mejor conocida como Angelina Beloff, que más tarde se convertiría en su esposa, y otros impulsores del cubismo en la pintura.
En la década de 1920, cuando Álvaro Obregón preside el gobierno mexicano y, actúa como secretario de educación José Vasconcelos, Rivera logra participar en la capital mexicana en una gran campaña de murales emprendida por el señor Vasconcelos, y a la que se suman otros grandes pintores y muralistas mexicanos como José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Rufino Tamayo, y el famoso muralista francés Jean Charlot.
Diego Rivera empieza a ganar fama y prestigio por estos años. Germina en él un gran liderazgo como muralista, y a la vez, comienza un intenso activismo político-militante en el seno del Partido Comunista Mexicano, donde su laborantismo le llevó a ser el centro de muchas polémicas públicas, algunas muy controvertidas por cierto, como por ejemplo cuando aparecieron en un mural suyo, que se exhibía en el Hotel del Prado en la Ciudad de México, las palabras “Dios no existe”, que el pintor en principio se negaba a borrar, pese a los pedidos de muchos amigos suyos. Rivera militó en el Partido Comunista desde 1923 a 1930 y tras ser expulsado, volvió en 1954 hasta su muerte. Comenzó por este tiempo los murales del Palacio de Cortes en Cuernavaca y de la Escuela Nacional de Agricultura en Chapingo, así como los del Palacio Nacional de Ciudad de México. Se casó en estos años con Guadalupe Marín, una indígena mexicana de piel morena y muy hermosa, con la que tuvo dos hijas: Lupe y Ruth.
 
“Hacia 1927, Rivera fue invitado a los festejos de los primeros diez años de la Revolución de Octubre en la Unión Soviética, por lo que parte hacia… Moscú. Tras su divorcio con Guadalupe Marín en 1928, contrajo terceras nupcias con la pintora Frida Khalo  en el año 1929 (…) Hacia 1930, fue invitado a los Estados Unidos para la realización de diversas obras (de las que luego comentaremos algunas de ellas, n. de j.m.j.), donde su temática comunista desataría importantes contradicciones, criticas y fricciones con los propietarios, el gobierno y la prensa estadunidense”.
Uno de los sucesos más controvertidos en el que Diego Rivera se vio envuelto en suelo norteamericano, ocurrió en 1933, en la ciudad de Nueva York. Rivera había sido invitado allí por dos amigos suyos, norteamericanos, a los que había conocido y tratado en Moscú durante las celebraciones de la Revolución rusa. ¿Quiénes era estos amigos? Pues, nada más y nada menos que Alfred H. Barr Jr. y Jere Abbott, que poco tiempo después se convertirían en el primer director y subdirector, respectivamente, del Museo de Arte Moderno (Moma) de Nueva York. Tanto Barr como Abbott le presentaron a Rivera al industrial estadunidense John D. Rockefeller Jr., quien a su vez contrató al gran muralista mexicano para pintar un mural en el lobby del famoso edificio hoy conocido como Rockefeller Center de esa ciudad. Rivera diseñó para la ocasión el mural denominado “El hombre en una encrucijada”, al que cuando estaba a punto de terminar le incluyó un retrato del líder comunista ruso Vladimir Lenin. La controversia que esto provocó fue mayúscula y estridente en todos medios neoyorquinos. “Rockefeller, vio el retrato como un insulto personal y mandó a cubrir el mural y más tarde ordenó que fuera destruido. Rivera poco después regresó a México en 1934, donde pintó el mismo mural… en el tercer piso del Palacio de Bellas Artes de México”. Allí tuve la oportunidad de verlo en noviembre de 1999 cuando visite, por segunda ocasión, la capital mexicana.
Desde finales de la década de 1930 (Rivera, n.de j.m.j.) se dedicó a la pintura paisajista y retratos. Desmalló en sus últimas pinturas un estilo indigenista y social de gran atractivo popular. Su más ambicioso y gigantesco proyecto, un mural épico para el Palacio Nacional, quedó inconcluso a su muerte, acaecida en la Ciudad de México el 25 de noviembre de 1957”.
 
Diego Rivera solicitó y obtuvo del entonces presidente de México Lázaro Cárdenas del Rio, en 1936, el asilo político del célebre disidente ruso León Trotsky en ese país, que se concretó al año siguiente cuando fue recibido por la pareja Rivera-Khalo, en la Casa Azul, hoy Museo Frida Khalo, en Coyoacán, Ciudad de México. Rivera se distanció pocos años después de Trotsky, e incluso se divorció de la pintora Khalo, en 1940, volviéndose a casar con ella a finales de ese año tras ambos rencontrarse en Norteamérica.
Hacia 1946, (Diego Rivera, n. de j.m.j) pintó una de sus obras más importantes, “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”, en el… Hotel del Prado de la Ciudad de México…”
En 1950 ilustró “Canto General” de Pablo Neruda y ganó el Premio Nacional de Ciencias y Artes de México. En 1952 realizó el mural denominado “La Universidad, la familia mexicana, la paz y la juventud deportista” del Estadio Olímpico Universitario (UNAM), en la Ciudad de México y, en 1955, ante la muerte de Frida Khalo en junio del año anterior (1954), se casó con Emma Hurtado y viajó a la Unión Soviética para ser intervenido quirúrgicamente. Falleció el 24 de noviembre de 1957 en San Ángel, Ciudad de México en su casa estudio, actualmente conocida como Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Khalo y sus restos fueron colocados en la Rotonda de las Personas Ilustres, contraviniendo su última voluntad. En el mural que se encuentra en el Palacio de Gobierno, Diego Rivera pinta a sus esposas y amigos. Lupe María (su segunda esposa, n. de j. m.j.) se encuentra pintada a un lado de Frida Khalo…
En 1953 el muralista Diego Rivera creó una de sus más grandes obras, se encuentra en el Teatro de los Insurgentes en la Ciudad de México, dicha obra tiene un gran significado histórico, cada una de las imágenes representan parte de la historia de México. El mural esta hecho de teselas de vidrio esmaltadas sobre placas (mosaicos de estilo veneciano, n. de j.m.j.)”, que fueron colocados por el maestro Luigi Schodeller. Continuará
El autor es ingeniero, escritor, miembro de la Academia Dominicana de la Historia y de la “Cátedra José Martí” de la UASD.   

Notas acerca del himno nacional dominicano.

Por Jesús Méndez Jiminián

“Mientras el pueblo dominicano sepa estremecerse de emoción al escuchar el himno de José Reyes, podrá afirmarse que en él palpita el sentimiento de la nacionalidad el honor”.

Max Henríquez Ureña.

A la actriz y comediante dominicana, residente en el Alto Manhattan, Amalia Tavárez.

Algunos autores dominicanos han reseñado, que “La palabra himno originalmente designaba al canto interpretado en honor de los dioses”. O también, a una “composición poética de tono solemne en alabanza de algo, por ejemplo: Himno a Dios, a la Virgen, a la patria.”

El concepto de himno nacional como tal viene, en consecuencia, a ser el “símbolo  oficial de la patria, utilizando por lo general en las ocasiones ceremoniales de la nación y para la representación de ésta en los eventos internacionales (“`). Está destinado a ser cantando masivamente, al unísono, para unificar en el mismo propósito y entusiasmo a los que lo cantan. Expresa el fervor patriótico, y en la forma y las imágenes utilizadas en su texto se pone de manifiesto el carácter nacional de la época en que ha sido escrito”.

Así, nuestro himno nacional fue escrito con posterioridad  a algunos sucesos históricos de singular relevancia para el pueblo dominicano: las luchas heroicas de muchos soldados  contra el invasor haitiano en las campañas de 1844,1855 y 1856; la Anexión a España proclamada por el general Santana el 18 de marzo de 1961; el fatídico gobierno de los Seis Años de Buenaventura Báez, quien durante este periodo (1872-1878) puso a la disposición de los Estados Unidos de América, la bahía de Samaná; y finalmente, en medio de la dictadura de Ulises Heureaux, Lilís, que se prolongaría hasta 1899 con su ajusticiamiento.

Es necesario recordar, que nuestro Canto a la Patria es obra del músico capitaleño José Reyes (1835-1905) y del poeta puertoplateño Emilio Prud’ homme (1856-1932); este ultimo, adversario político del régimen de su compueblano Lilís.

La primera vez que fue cantando nuestro himno nacional ocurrió el 17 de agosto del 1883, es decir, al día siguiente de Prud` homme haber publicado la primera versión de sus versos, en el seminario capitaleño El Eco de la Opinión. Esto tuvo lugar en medio de una celebración en la sociedad cultural La Esperanza, en Santo Domingo, en el vigésimo aniversario del inicio de la Guerra Restauradora.

“Acerca de su origen, José Reyes declaró en una ocasión que habiendo llegado a sus manos el Himno Nacional argentino, publicado en el periódico parisino El Americano, sintió el deseo de hacer una comprensión análoga para su país y con tal motivo, en 1883, invitó a su amigo Emilio Prud` homme a que escribiera un himno a la patria, para él ponerle la música. Poco tiempo después, el poeta Prud`homme escribió las estrofas y el músico compuso su himno”

José Reyes fue soldado del ejército dominicano “para la tercera campaña de la Independencia, en 1855”, y precisamente había estudiado música bajo las sabias instrucciones del maestro Juan Bautista Alfonseca, a la sazón director de la banda militar de la época.

“Seis meses después- de aquel 17 de agosto de 1883, n.de j.m.j-, en una convención de prensa presidida por el director de “El Mensajero” en el teatro “La Republica” como un homenaje a Duarte se tocó nuevamente el himno de Reyes. La banda militar del maestro Betances… lo interpretó por tercera vez en 1885 y fue  muy ovacionado”.

Se dice, que en ocasión  de celebrarse una de nuestras fiestas patrias el himno de José Reyes iba a ser tocado, pero Lilís ordenó que se tocara la Marsellesa. Sin embargo, pese a todo, en 1896, se solicitó fuera consagrado como “Himno Oficial Dominicano” las letras compuestas por Prud`homme con música de José Reyes. Pasarían  muchos años más, para tan trascendental y oportuna decisión, aunque este himno seguía ganando adeptos, a tal punto, que en 1897 fue entonado para la inauguración del ferrocarril Puerto Plata – Santiago.

“Aunque el presidente Ulises Heureaux no convirtió en ley esa resolución del Congreso (la presentada el 30 de abril de 1897 por el diputado Rafael García Martínez n.de j.m.j)- probablemente motivado por su disgusto con la vertical actitud de Emilio Prud`homme frente a su gobierno dictatorial- ello no impidió que el pueblo dominicano mantuviera su preferencia por este himno, que se siguió interpretando en los actos oficiales”.

Hay quienes acertadamente han interpretado, que en una de las estrofas del himno nacional, el poeta Prud`homme “…llama a Pedro Santana (aunque sin mencionarlo, n. de j.m.j.) inconsulto caudillo, porque al anexar el país a España, el aguerrido general ignoró a los mejores dominicanos que le aconsejaban convocar un plebiscito que sancionara esa trascendental decisión. A este hecho bochornoso que empañó el brillo de las gloriosas jornadas independentistas (…) contrapone el grito de Capotillo, el 16 de agosto de 1863, cuando un grupo de dominicanos enarboló en el Capotillo español  la bandera nacional y llamó al pueblo dominicano a las armas, dando inicio así a la Guerra de Restauración”. La estrofa en alusión es la siguiente:

“Y si pudo inconsulto caudillo

De esas glorias el brillo empañar,

De la guerra se vio en Capotillo

La bandera de fuego ondear”.

En la estrofa siguiente dice nuestro himno:

“…el incendio que atónito deja

De castilla al soberbio león”.

Hace referencia a los valientes dominicanos, que utilizaron en la Guerra de la Restauración la estrategia de Mella, de incendiar los campos “que iban dejando atrás y no podían defender” los soldados restauradores. Era la campaña de “tierra arrasada”, que luego exitosamente puso en marcha, en Cuba, el Generalísimo Máximo Gómez.

“Los españoles, simbolizados en estos versos por el soberbio león de Castilla, en 1865 se vieron forzados a abandonar el territorio dominicano”, volviendo a ondear nuevamente nuestro pabellón tricolor.

Seria, finalmente el 30 de mayo de 1934 cuando Trujillo ejerciendo la presidente de la Republica, mediante la Ley  No. 700, declararía como himno oficial de los dominicanos  el compuesto por el maestro José Reyes con letras del educador y poeta Emilio Prud’ homme. De esta obra, el propio Prud’ homme llegó en una ocasión a decir, que era “una acción de gracias” con la que se obliga “el patrio amor bizarro a prestar la potencia de sus brazos y a ofrendar hasta la última gota de su sangre para nunca perder la patria”.

El gran intelectual dominicano Don Américo Lugo, en cierta ocasión, refiriéndose al poeta Prud’ homme dijo de él lo que copiamos:

“…era además de poeta un patriota y pudo captar del pueblo el sentimiento de lo heroico (…). Su obra más notable es la enseñanza; pero el himno es la más querida…”.

Refiriéndose al maestro José Reyes, por otro lado, don Max Henríquez Ureña expresó estas conmovedoras palabras:

“Mientras el pueblo dominicano sepa estremecerse de emoción al escuchar el Himno de José Reyes, podrá afirmarse que en el palpita el sentimiento de la nacionalidad y del honor”.

Nuestro himno, como acertadamente señalara el profesor José Medina:

“…es una poesía que exalta la libertad; es un canto en el que ensalzan las glorias de la patria, y se hace promesa de defender su integridad y ofrendar la ultima gota de sangre para mantener su dignidad”.

Santiago de los Caballeros, R.D.

8 de marzo del 2012.

El autor es ingeniero, escritor, miembro de la Academia Dominicana de la Historia y de la “Cátedra José Martí”, en la UASD. 

 

 

 

 

 


 

 

 

 


El gesto de gratitud de un ser agradecido.

March 8, 2012 by admin in Colaboraciones, Columnas with 0 Comments
¡Y TAN PRONTO LLEGASTE AQUÍ!
Por el Dr. Rafael Leonidas Pérez y Pérez.

A Rafael Corporán de los Santos, in memoriam.

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El viernes 21 de noviembre de 1975, constituyó Rafael Corporán de los Santos en Santo Domingo, el Club Radio Popular, siendo quien esto escribe, Miembro Activo del mismo con el número 94.

El domingo 23 de septiembre de 1973, día del cumpleaños de mi progenitora, el suscrito llegó a la capital de la República, para estudiar en la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

Consideré como mi domicilio fijo, el de mi hogar en el sudfronterizo Duvergé, provincia Independencia, y como el provisional o temporal donde vivía en Santo Domingo.

Cuando Rafael Corporán de Los Santos anunció por su emisora Radio Popular en el dominical programa “Gozando con Producciones Corporán” que conducía, que toda persona que quisiera formar parte del Club Radio Popular con tal de ganar premios mediante concursos en dicho programa, se afiliara; no tardé en inscribirme en el referido club.

Llamé por teléfono a Radio Popular, di mi domicilio duvergense, y quedé inscrito.

En pocos días, vía correo llegó a ese domicilio, mi carnet en un sobre cerrado.

El mismo me fue traído desde ese pueblo suroestano, al considerado mi domicilio provisional o temporal en el distrito nacional.

Me llené de júbilo al recibirlo.

Llega el esperado domingo. En verdad “Gozando con Producciones Corporán” tenía una enorme audiencia en el ámbito que cubría.

En mi radito de pilas, regalo de mi madre, escuché a Corporán decir en el concurso del Club Radio Popular:

_¡El 94, el 94, el número 94! ¡Rafael Pérez en la calle General Cabral número 12 de Duvergé, gana un premio con productos que se anuncian en este programa! ¡Que el agraciado venga a buscarlo a esta emisora!

Eché un tremendo brinco al escuchar que obtuve un premio en “Gozando con Producciones Corporán”.

Me dispuse a buscarlo antes de que concluyera el programa.

Abordé un carro público y me dirigí a Radio Popular, emisora entonces ubicada en el Edificio Brugal de la avenida John F. Kennedy.

En menos de lo que canta un gallo estaba junto a Corporán quien, al decirle, mostrándole mi carnet, que yo era el miembro número 94 del Club Radio Popular y que venía a buscar el premio que me había sacado en “Gozando con Producciones Corporán”, sorprendido y con alta voz exclamó:

_¡Y TAN PRONTO LLEGASTE AQUÍ!

El pensó que llegué desde el lejano Duvergé en tan corto tiempo.

Le aclaré que me encontraba en Santo Domingo.

Desde la cabina donde transmitía, me sacó al aire y difundió que me estaba entregando el premio consistente en productos anunciados en el programa “Gozando con Producciones Corporán”.

Le di las gracias luego de saludar al pueblo dominicano y sobre todo, a mi familia y a todos los duvergenses en sentido general.

Por primera vez quien esto escribe, usaba un micrófono en radio.

Hasta el paquete de chicle Dubble Bubble de ese premio le mandé a mi querida madre en ese pueblo del Sur Profundo.

¡Fue el surtido de un mes!

¡Gracias Corporán!

¡Ayyyy!


Notas sobre el escudo dominicano.

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Por el profesor Jesús Méndez Jiminián

 

“El amor de la patria nos hizo contraer compromisos sagrados con la generación venidera; necesario es cumplirlos, o renunciar a la idea de aparecer ante el tribunal de la Historia con el honor de hombres libres, fieles y perseverantes”.

 

Juan Pablo Duarte (1813-1876)

A la memoria del patricio Francisco del Rosario Sánchez.

En la edad media, por ejemplo, la fuerza representativa  de familias, ciudades o de armas reales, en las monarquías, se distinguían por medio de un escudo, que venia a ser  el símbolo que representaba sus intereses, o las grandes luchas libradas en los campos de batalla.

Así, el escudo de un Estado que es el caso que nos ocupa, “encarna un símbolo patrio” como bien lo define el militar e historiador Ramiro Matos González. A este símbolo-acota-se le “agregan frases honorificas, históricas o legendarias”. Tal es el caso de nuestro escudo nacional.

Los colores heráldicos universales son cinco: azul, negro, rojo, verde y violado (o porpura, n. de j.m.j.)”. Nuestro escudo tiene cuatro de estos colores.

Desde la creación del escudo dominicano, en 1844, hasta el año 1983, éste ha experimentado modificaciones en su diseño.

En su ilustradísima obra “Banderas y Escudos Dominicanos”, Matos González señala, que “el primer escudo de armas de que tenemos conocimiento, tiene dos ramas de laurel que ascienden con forma de arco hasta casi tocarse en la parte más elevada; debajo de estas, formando un arco aparece una serpiente mordiendo y tragando su cola, (como símbolo de sabia continuidad); en tercer plano, abierto y en el centro, el libro de los Evangelios; detrás de éste, una bandera dominicana cuadrada dividida en cuatro cuarteles por una cruz blanca, los colores de estos están colocados de dos en dos, es decir, dos azules superior y dos rojos inferior, (Primera bandera dominicana): detrás del libro hay colocado un trofeo de armas: una lanza y un fusil con bayoneta calada a la derecha, y a la izquierda un sable y una corneta. En segundo plano, dos banderas desplegadas; de las astas de las  banderas se ve un gono frigio; más  al frente de las banderas en primer plano y debajo una cinta ancha donde se lee el nombre de nuestra nación” REPUBLICA DOMINICANA” y a ambos lados, en la parte inferior de ésta, dos cañones con sus respectivas balas esféricas en forma piramidal”.

Pero, el escudo que aparece descrito en la Constitución dominicana, aprobada el 6 de noviembre de 1844, en San Cristóbal, en su articulo 195 dice así: “Las armas de la Republica Dominicana son; una cruz a cuyo pie está abierto el libro de los Evangelios, y ambas sobresalen de entre un trofeo de armas, en que se ve el símbolo de la libertad”. Todo esto, indica Matos González en su citada obra, es “enlazado con una cinta en que va la siguiente divisa: DIOS, PATRIA Y LIBERTAD, REPUBLICA DOMINICANA”. Los cañones que anteriormente mencionamos, desaparecen, lo mismo que las balas esférica.

El escudo nacional fue modificado en fecha 15 de junio de 1848, cuando en el Congreso Nacional “se dictó una ley que establecía una moneda nacional  (…)  monedas de oro de diez y cinco pesos fuertes”. Asimismo, cuando fue derrocado el general Manuel Jimenes  y se encargó del Ejecutivo de manera provisional, en 1849, al general Pedro Santana, también se modificó nuestro escudo, lo mismo que el 19 de mayo de 1853 y el 20 de abril de 1857, fecha en esta ultima en que el Senador Consultor emitió un Decreto que presentó otra variante para la emisión de billetes. Esta modificación de 1857 tiene mucha similitud con el escudo actual.

Ya en 1866, se oficializa un nuevo escudo nacional de acuerdo al Decreto expedido en fecha 29 de julio de ese año; y al siguiente año, 1867, en el mes de mayo se aprueba otra modificación. Algo similar sucedió en los años 1870, 1874 y 1875.

El 26 de julio de 1889 durante uno de los gobiernos de Ulises Heureaux (Lilís), con la creación del Banco Nacional de Santo Domingo, el Congreso Nacional ratifica una modificación propuesta por el Ejecutivo, y la convierte en Decreto en fecha 14 de agosto de ese año.

Solo a partir del año 1913 – dice Matos González- se oficializó una uniformidad heráldica, mediante decreto expedido por el gobierno de Monseñor Nouel, que establecía la forma actual. El escudo establecido en este decreto fue dibujado por Casimiro de Moya”. En la Gaceta Oficial No. 2376 del 22 de febrero del 1913 quedó tal modificación, indicándose en ella, que sus colores “así como los de la bandera nacional, será azul ultramar y rojo bermellón más el blanco de la cruz”.

En la “Evolución del escudo dominicano a través de los años”, el historiador Juan Daniel Balcácer  en “Símbolo Patrios”, ha señalado que a partir de 1913 nuestro escudo fue modificado en 1916, año este en que se produce la intervención militar norteamericana, y en 1982 y 1983 cuando el doctor Salvador Jorge Blanco ocupaba la presidencia de la República. Durante la llamada Era de Trujillo y, en los últimos casi 30 años de vida democrática no se han hecho modificaciones a nuestro escudo. ¿Se debería dictar una ley que prohíba ya semejante hecho?, pese a que la Constitución Dominicana actual, proclamada el 26 de enero del 2010 define sus característica en su capítulo VII, Artículo 32.

El autor es escritor, ingeniero, miembro de la Academia Dominicana de la Historia y de la “Cátedra José Martí” en la UASD.

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