Escrutinio Digital

Aprender con la Historia

LA FAMA DE EL MACHO DE BONAO.

 

La fama de “El Macho de Bonao”.

Por José C. Novas

“Macho Bonao” fue el mote que le colgaron a un soldado dominicano, que alcanzó fama tras protagonizar un incidente con el coronel Petán Trujillo, uno de los hermanos del dictador que gobernó República de 1930 a 1961, y que entonces se creía omnipotente frente a los demás. El drama se originó mientras el humilde guardia prestaba servicios en la estación de radio y televisión “La Voz Dominicana”, de la que Petán era dueño y director. El coronel acostumbraba a imponer castigos al personal de su empresa, y en este caso el militar consideró que era injusto que se le castigara por cumplir una orden que el propio Petán le dió y que se convirtió en un chisme de Palacio, de forma audaz el raso optó por no quedarse callado. Se impone recordar que por sus anadanzas, en el pais se decia en voz baja, que Petan era “el emperador de Bonao”.

El militar se llamaba Luis Sepúlveda, pero pocos le conocieron por su verdadero nombre, era cibaeño de pura cepa, de haber nacido en otro país, su historia quizás fuera argumento de una novela, un libro o una película. El Macho de Bonao era hombre delgado, de escasa estatura y bajo peso, pero los ruedos de sus pantalones pesaban toneladas; su audacia comparaba con la distancia de la tierra al Sol, y aunque tenía nombre propio, fue conocido como: “El Macho de Bonao”. Contaban los guardias de su época, que siendo Luis Sepúlveda raso del ejército, le tocó vigilar la puerta del anfiteatro de La Voz Dominicana durante la celebración de una de sus famosas semanas aniversarias; a esos espectáculos la emisora traía notables artistas internacionales y como el show era excelente, el teatro se llenaba antes de comenzar las funciones; ese día el coronel Petán Trujillo, administrador de la estación se presentó a la puerta y le ordenó al raso Sepúlveda que no permitiera que más personas entraran, porque el estudio estaba completamente lleno.

Cuentan que unas amiguitas de su sobrina Angelita estaban invitadas al evento, pero que cuando llegaron la el teatro estaba lleno y ya se había impartido la orden de no admitir más personas, el guardia cumplió las instrucciones del coronel, y las amigas de la princesa del momento, rompieron en llanto, pero tuvieron que devolverse a sus casas y le dieron la queja a la Reina de la Paz, ésta enojada se quejó ante el padre, que a su vez le reprochó a su hermano lo ocurrido. La historia no los contó el propio Macho de Bonao, al que conocimos mientras prestaba servicios en la provincia de Pedernales.

“Impartida la orden, el raso respondió al coronel con un taconazo, dando su señal de atención al coronel. No pasaron diez minutos cuando a la puerta del teatro se presentaron varias jóvenes, que por su aspecto lucían de la alta sociedad, se identificaron como “amigas del colegio de Angelita Trujillo”, la hija mimada del dictador y sobrina del coronel, quien las había invitado para encontrarse dentro del teatro a ver juntas el espectáculo.

El raso Sepúlveda le explicó a las jóvenes que tenía instrucciones del coronel Petán Trujillo de no dejar entrar a nadie y por mucho que le rogaron, no las dejo pasar; las muchachas se retiraron desconsoladas, pero no tardó en formarse el remolino, al parecer al dictador le dieron la queja y Petan fue reprendido por su hermano. Pero como la soga siempre rompe por lo más fino, el raso Sepúlveda pago los platos rotos; dos días después llamado a la presencia de Petán y éste le dijo: “Usted tiene cuatro horas para que se presente a Bonao, espere allá hasta que yo llegue y le de nuevas instrucciones”.

“Parado en atención, quiso pedir una explicación al coronel, pero en forma iracunda Petán contestó: “Cállese, y salga de mi oficina inmediatamente, es una orden”. En seguida los guardaespaldas del coronel lo sacaron del despacho hasta el pasillo. En ese momento el raso Sepúlveda también perdió la compostura, se devolvió a la oficina y en atención le dijo a Petán: “coronel, respetuosamente, yo necesito hablar con usted sobre esto”. “No quiero oír nada, le respondió el arrogante hermano del tirano y le dijo: “váyase a Bonao, carajo, es una orden que le estoy dando”. A ese punto, como si estuviera poseído por un demonio el raso Luis Sepúlveda reaccionó envuelto en cólera y le dijo al coronel: “Pues mire, coño, yo no voy para Bonao, y usted haga conmigo lo que le dé su gana”. Dicen que Petán, no resistió la ocurrencia de aquel soldado o talvez para disimular la insubordinación y echó una carcajada, al tiempo que ordenó a los guardaespaldas: “tránquenlo por 30 días”; el incidente fue noticia por todos los recintos militares, se propagó en los cuarteles del país y se dice que el rumor llegó a oídos del dictador, había comentado: “bueno, tengan cuidado con ese guardia tan guapo, asegúrense de que no le pase nada”.

A raíz del incidente entre el raso Sepúlveda y Petán Trujillo, en los puestos militares se impuso en forma de burla la confrontación entre el soldado y el petulante coronel, decían los guardias en forma de relajo, que las fuerzas armadas ya tenían al verdadero “Macho de Bonao”. Pasaron los treinta días de encierro, al desafortunado raso Sepúlveda lo hicieron cabo y lo mandaron de “castigo” a Pedernales, donde fue asignado como jefe de puesto, en el paraje Don Juan, al borde de la frontera con Haití. Se cumplió el popular refrán: la soga rompe por el lado más fino.


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