La proceridad en Mon Cáceres,

Por José C. Novas.

Los hechos ocurridos el 26 de Julio de 1899 en la villa de Moca han sido llevados a la crónica a través de diferentes cristales, como decía el poeta Campoamor. Los puntos de vista quedaron divididos por las pasiones con las que fueron elaborados, particularmente la visión en la obra de Pedro Troncoso Sánchez

Las razones son muchas, como todo lo que tiene que ver con la condición humana, el autor descendía de una familia vinculada a los Cáceres lo que a mi juicio impedía que el contenido del libro fuera equilibrado. No pensamos de igual manera para cada caso, la diversidad de criterio siempre se moverá de un lado a otro entre los pensantes y de ahí los distintos pareceres.

Se afirma que de joven Mon Cáceres no tenía vocación para el ejercicio de la política, que su pasión se inclinaba a los negocios de las recuas y la producción de bienes agrícolas,

Entonces surge la idea del ferrocarril central, obra auspiciada por el general Ulises Heureaux “Lilis”, cuya inauguración llevó a la quiebra los negocios de la familia de los Cáceres en todo el Cibao porque el ferrocarril cambió el sistema de transporte en esa zona.

Las recuas pasaron a la categoría de obsoletas y el ferrocarril se convirtió en el tormento de la distinguida familia mocana y en la innovación implementada por el régimen. Con ello nacen las contradicciones de los Cáceres Vásquez con Lilis.

El general Heureaux no era un santo, su pasado era conocido, había surgido de la nada y en la época que vivió lo común era que los gobernantes se convirtieran en dictadores, la democracia no era parte de la cultura política o los hábitos de administrar los bienes públicos.    

Lo dicho en el parrafo anterior fue tan evidente, que después de muerto el dictador, al notario Miguel Joaquín Alfau le asignaron la tarea de hacer el inventario de los bienes acumulados por el general Lilis, que había nacido en la pobreza extrema y su familia no tenía vocación para la industria o el comercio.

Los resultados del reporte de la sucesión del presidente muerto, para sorpresa de los habitantes el total de pasivos y activos ascendía a más de cinco millones de pesos, una suma impensable para un individuo de su categoría social en aquellos días.

La participación de Mon Cáceres en la muerte de Lilis fue un acto de valentía, si tomamos en cuenta que con ello le quitó al país el peso de una dictadura, porque no sólo malversaba los bienes del país, también le impuso un estilo de represión que sumergió a la población en un laberinto de terror que espantaba.  

Pero que ironía la de nuestras figuras históricas y que se manifiesta en Mon en este caso, Cáceres en sus días de gloria le cobró su heroísmo a la nación con el mismo estilo político de Lilís, le impuso la represión y ha sido el único gobernante dominicano que estableció campos de concentración a sus coterráneos para favorecer intereses de sectores extranjeros.

Finalmente, Mon Cáceres y sus acólitos sepultaron sin rubor la gloria de su pasado, cuando firmaron los términos de la Convención Dominico-Americana de 1907 que entre otras cosas culminó vulnerando la soberanía nacional en 1916.

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