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Dos entregas en Areito.

January 17, 2012 by admin in Colaboraciones, Columnas with 0 Comments

Los mitos de Món Cáceres

Por Diógenes Céspedes. Suplemento Areíto, periodico Hoy, sábado 7 de Enero 2011.

Ensayista, crítico literario, narrador, poeta, periodista, catedratico y
Premio Nacional de Literatura 2007,
Miembro de Número de la Academia Dominicana de la Lengua y
Correspondiente de la Real Academia Española.

El historiador dominicano radicado en Nueva York, José C.Novas, ha publicado un interesante libro cuya densidad documental desmitifica la mayoría de las creencias que los libros de la historia familiar dominicana nos han transmitido acerca del progreso, el orden y la paz alcanzados por nuestro país durante el gobierno de Ramón Cáceres Vásquez, mejor conocido como Mon (1906-1911).

Asimismo, el libro de Novas desmitifica la creencia falsa, tenida por verdad, de que la caída de los gobiernos de Woss y Gil, Juan Isidro Jimenes y Morales Languasco se debió a la lucha de los caudillos por el poder y a la ambición de dinero para mantener su respectiva clientela.
El historiador se ha basado, para sostener su tesis, en una serie de documentos extraídos por él de los archivos norteamericanos del Departamento de Estado, del Senado norteamericano y de la correspondencia de la Legación norteamericana en Santo Domingo, así como de las obras de Cyrus Veeser, “A World Safe for Capitalism. Dollar Diplomacy and America’s Rise to Global Powe r” publicado por la Universidad de Columbia en 2002; los libros del ex Secretario de Estado Elihu Root que contienen la colección de documentos norteamericanos de 1895 a 1908 y su discurso sobre América Latina y los Estados Unidos; el libro de Lester D. Langley, “The Banana Wars. United States Intervention in the Caribbean, 1898-1934”, publicado por la Universidad de Kentucky en 2002; el libro de Dwight C. Minor, “The Fight for the Panamá Route, the Story of the Spooner Act and the Hay-Herran Treaty”, publicado por Columbia University en 1940; el libro de Thomas Cleland Dawson, “Sa n t o Domingo Correspondence by the United States Legation. U. S. Department of State Confidential Archives”, publicado por Princeton University en 1905: el libro de Jacob H. Hollander, “Debt of Santo Domingo. Special Reports Submitted to President of United States Theodore Roosevelt by Jacob H. Hollander, Special Commissioner”, publicado por la Imprenta del Gobierno en Washington en 1905; el libro de Frederic M. Halsey, “Railway Expansion in Latin America. Statistics in the Office of Jas H. Oliphant & Co., New York Stock Exchange”, Nueva York 1916.
Colección de tesis de la Universidad de Michigan; el libro clave de Richard D. Challener, “Admirals, Generals, and American Foreign Policy 1898-1914”, publicado por la Universidad de Princeton en 1973; así como los “Informes Anuales del Departamento de la Marina Americana de los años 1902 a 1906 y
1911 y la correspondencia relacionada con el Protocolo de Acuerdo entre los Estados Unidos y la República Dominicana relativa al control de las aduanas, de 1905, publicado por la Imprenta del Gobierno Norteamericano.
Esa copiosa documentación le ha servido a Novas para examinar un espacio histórico tan breve como el que va de los motivos de la caída de Lilís hasta las de Woss y Gil, la de Morales Languasco y, finalmente, la ascensión de Mon Cáceres luego del fracaso de la unión de jimenistas y horacistas manipulados por los Estados Unidos con la finalidad de imponer un gobierno que diera marcha atrás a la anulación por Woss y Gil del “Modus Vivendi” y su sustitución por la Convención de 1907, cuya firma le valdrá un préstamo de 20 millones de dólares a Cáceres, y con ese dinero se tallará la leyenda de la historia familiar dominicana de que en su gobierno prosperaron el progreso, el orden y la paz, cuando en realidad la Guardia Rural, luego convertida en Guardia Republicana, fue el brazo armado inventado por los norteamericanos con el cual el gobernantemocano bañó en sangre al país, y arrasó con gente, ganado y propiedades en la Línea Noroeste. En el modelo de aquella Guardia Rural se inspirarán los norteamericanos para dejarle a Trujillo la herencia de su intervención en el país.
En efecto, en la obra “El presidente Cáceres. Fábula del progreso, el orden y la paz” con un arsenal de documentos fidedignos, extraídos de los archivos norteamericanos de la época que abarca hasta el período de gobierno de Cáceres, Novas estudia con detenimiento y profundidad lo ocurrido y nos revela que a partir del asesinato de Lilís todos los gobiernos fueron muy breves y obedecieron a la lucha de los caudillos por apoderarse del poder y controlar las aduanas para repartirlas a su clientela, pues era la única forma de vida. Con la instalación del Ferrocarril Central, Lilís arruinó el modo de supervivencia económica de Mon Cáceres y su primo Horacio Vásquez, que se dedicaban al negocio de las recuas, las cuales trasportaban los productos agrícolas desde su provincia hasta Santiago y Puerto Plata.
Pero con la caída del gobierno de Woss y Gil, esta lucha de los caudillos por el control de las aduanas va a cambiar drásticamente, ya que los Estados Unidos se empeñaron en utilizar la fuerza militar para hacer valer su derecho imperial de controlar el Caribe y América Latina a fin de que ninguna potencia europea impidiera la expansión de sus negocios a través del proyectado canal de Panamá. Para lograr esto, los norteamericanos apelaron una vez más a la Doctrina Monroe, al Corolario de Roosevelt y a la política trazada por el Consejo de los Generales para lograr el control total de la región del Caribe y América Latina. Derribaron los gobiernos latinoamericanos que osaron protestar contra la política del garrote y la diplomacia del dólar.
En esa vorágine de dominación imperial norteamericana es que se verán envueltos no solamente los gobiernos dominicanos desde Woss y Gil hasta el fin de la guerra fría, sino también los demás gobiernos latinoamericanos que osaran oponerse a los designios de dominación norteamericana en la región. Se puede decir que estos designios terminaron con la entrega del Canal de Panamá a ese país mediante el Tratado Torrijos- Carter en 1977, pero a partir de ahí regirá otra política de dominación que se entroncará con un relativo apoyo a las elecciones libres y las democracias tuteladas por los norteamericanos para, finalmente, diluirse en 1989 con la caída del muro de Berlín y la libre circulación de mercancías de los países más industrializados hacia los consumidores de los países en vías de desarrollo y el paso franco a los Estados Unidos como potencia unipolar en el mundo entero hasta el estallido de la gran crisis de acumulación que se produjo en el mandato de George Bush en 2008 y que hoy se abate sobre el planeta.
En la próxima entrega veremos cómo Novas dibuja los artimañas norteamericanas en el país y cómo los caudillos Vásquez, Jimenes y Cáceres son manejados como marionetas y cómo, con tal de conservar sus intereses, se amoldan a la política trazada por el Departamento de Estado y la Junta de Generales para controlar nuestro país, pero al mismo tiempo estos caudillos, a través de sus discursos y manifiestos al país, les hicieron creer a los dominicanos la mentira de que luchaban por el progreso, el orden y la paz y que eran ellos quienes derribaban gobiernos, y no los Estados Unidos.

Los historiadores familiares reprodujeron en sus obras esas fábulas. De ahí el culto a las familias Vásquez, Cáceres, Henríquez, Tejera, Cabral y Báez, Galván, Eliseo Grullón, Manuel Lamarche García, Pedro A. Bobea, Joaquín Salazar, Juan B. Alfonseca, Pancho Henríquez, Federico Velásquez, Juan Francisco Sánchez, Emilio Joubert, Cayetano Armando Rodríguez y otros de menos viso que redactaron y apoyaron la Convención de 1907. Dice Novas, y se comprueba con la sola mención de los apellidos, que hubo en esa lista de firmantes de la infamante Convención de 1907, prominentes normalistas, es decir, hostosianos. Pero se convirtieron, quizá con una excepción posterior, en intelectuales ancilares del imperio norteamericano. Hasta el día de hoy esos apellidos sirven a la oligarquía dominicana y a su potencia protectora.

Segunda entrega. Suplemento Areito, periodico Hoy, sábado 14 de Enero 2011 por Diógenes Céspedes.

Que Horacio Vásquez Lajara, junto a su primo Mon Cáceres Vásquez, era recuero lo confirma su sobrinanieta Antonia Vásquez, viuda de Andrés Freites, en su libro “Memorias de una curiosa” (SD: Amigo del Hogar, s/f, pero muy probable a fines 2010 o inicio de 2011) y que ambos primos quedaron arruinados económicamente por el Ferrocarril Central de Lilís y que esto fue motivo más que suficiente, de acuerdo a la lógica de Maquivelo, para eliminar el 26 de julio de 1899, al que les arrebató el único medio de vida de que disponían.
José C. Novas sugiere que este arruinamiento económico de los primos pudo haber sido uno de los móviles del magnicidio. Yo lo afirmo, aunque no haya un solo documento de Vásquez y Cáceres que lo atestigüe. ¿Por qué? Porque según Maquiavelo, puedes quitarle todo a una persona, incluso la mujer o las hijas, pero si le quitas su fortuna o medio de vida económica es la única razón por la que un sujeto mate a otro.
¿Cómo se define el oficio de recuero hasta los años 30 del siglo XX. Al hablar del oficio de su tío abuelo Horacio, Vásquez de Freites lo define: “Lo que hacía mi tío en su juventud era transportar mercancías de Puerto Plata a Santiago, La Vega, Moca y viceversa, incluyendo el puerto de Sánchez con una recua de mulos. Así tío Horacio se hizo de una aguda percepción de toda clase de hombres. En esa época la palabra de un hombre era su mejor aval. Nada de contratos y papeleos firmados, el honor de una persona consistía en su palabra.” (p. 149. ¿Por qué si Mon fue quien mató a Lilís de un disparo, no le tocó el mérito de ser Presidente de la República en 1902, sino a Horacio? Porque Horacio era el político y el que “tenía una aguda percepción de toda clase de hombres” y esta “clase de hombres” fue la clientela que le apoyó hasta 1930.
En cambio, a Mon le apoyaban por el miedo a su fuerza incontrastable y por su capacidad para dividir las fuerzas de Horacio y rodearse de los remanentes de los partidos en declive, como los jimenistas y los lilistas.
La turbulencia política que se desató en el país en 1899 fue por el control del poder político por parte de los primos Vásquez y Cáceres y sus partidarios con el fin de eliminar todo vestigio de la dictadura que significase un peligro para la vida de los magnicidas, pero también fue una lucha descarnada por el control de las aduanas que en aquella época era el único medio seguro de acumulación de riquezas y de mantener contenta a la clientela política que apoyó a los dos caudillos que en 1899 adquirieron dimensión “n a c i o n a l” y unas veces estuvieron aliados, otras enemistados.
No les bastó a Horacio y Mon la subida al poder del antililisista Juan Isidro Jimenes en las elecciones de 1902 para sentirse seguros, como tampoco la de Woss y Gil, ahijado de Lilís, ni mucho menos la ascensión de Morales Languasco en virtud del pacto de la Unión entre horacistas, jimenistas y lilisistas con Mon Cáceres de vicepresidente.
La turbulencia política de horacistas y jimenistas llamada la Desunión eliminó de la Presidencia a Morales Languasco y entonces el vicepresidente Cáceres asumió la Presidencia desde aquel 1905 hasta el 18 de noviembre de 1911 cuando la ambición de los jóvenes disgustados con el Presidente que les excluyó del poder en 1908, se decidieron a darle muerte en la avenida Independencia mientras paseaba en coche y sin escolta.
Pero, cómo y por qué los norteamericanos, usando de instrumento a Horacio, Juan Isidro Jimenes y Federico Velásquez, lograron sacar del poder a Woss y Gil y al propio Morales Languasco y que estas jugadas políticas aparecieron como luchas de poder entre los tres políticos y no como lucha de los norteamericanos por asumir el control político, militar y económico del país a través del control de sus aduanas como forma de control total del Caribe para asegurarse el control del comercio internacional a través del Canal de Panamá?
Aquí interviene la capacidad analítica de Novas para mostrarnos, con los documentos pertinentes, cada jugada política de los norteamericanos para logar el control de nuestro país al pretextar tomar las aduanas para pagarles la deuda externa a sus tenedores de bonos, deuda que se remontaba a Buenaventura Báez y había sido comprada hábilmente por los comerciantes y banqueros norteamericanos, defendidos ahora por el poder imperial de los Estados Unidos.
Con el pretexto de pagarles puntualmente a los tenedores de bonos de la deuda dominicana, el poder imperial norteamericano diseñó una política pública (el pago a los acreedores a través del control de las aduanas= ideología de la justicia) y otra política secreta (el control político del país= ideología imperial) para asegurarse el control del Caribe y América Latina a través del Canal de Panamá y eliminar a cualquier competidor europeo en nombre de la Doctrina Monroe, el Corolario Roosevelt y la decisión de la Junta de Generales de los Estados Unidos de impedir toda presencia europea en América y de liquidar la oposición de cualquier gobierno latinoamericano a la política de expansión e intervención norteamericanas en la región. Para lograr este propósito los poderes norteamericanos diseñaron una estrategia de control político y militar de nuestro país que se resumió en la colocación de un poder unitario y fuerte que mantuviera a raya a los políticos que se oponían al control de nuestras aduanas por parte de los Estados Unidos, pues ese era el único medio de vida de esa clase política y el proyecto norteamericano era una amenaza de muerte para nuestros políticos clientelistas y patrimonialistas. De ahí que no haya anti-imperialismo político en esta oposición a los designios de los Estados Unidos. El hombre que garantizaba este proyecto era Mon Cáceres.
La Legación Norteamericana en el país ya había probado a Woss y Gil y este le rescindió elModus Vivendi (Novas, 60) y tuvieron que derrocarle (p. 43). Se ven el propósito de las luchas caudillistsas (p. 45), el diseño de la política del Departamento de Estado (p. 44) y la colaboración de los caudillos y caciques al plan expansionista de los Estados Unidos (p. 46).
También examina Novas en este contexto las causas de la deuda externa dominicana (p. 48), la inversión de los préstamos (p. 49), la aceptación de los convenios con los Estados Unidos (p. 50), cómo los Estados Unidos impusieron a Morales Languasco, quitaron a Woss y Gil y colocaron en el poder a su hombre, Cáceres (p. 52-53), en qué consistió el Plan Hi-SD (p. 55) y el silencio de los historiadores dominicanos con respecto al bloqueo naval norteamericano a nuestro país (p. 56), las causas de la caída de Woss y Morales Languasco (p. 60) y la alianza contra natura de los políticos para eliminar a este último (p. 63), la consiguiente entrega de los puertos dominicanos a los Estados Unidos por jimenistas y horacistas (p. 67), características del Protocolo de 1905 (p. 68), las aduanas en el gobierno de Cáceres (p. 71), la aplicación de la ley de fuga en su gobierno (p. 75), las mujeres que se opusieron a aquella política (p. 92), la guardia de Mon como remedo de la Guardia Rural impuesta en Cuba (p. 92) motivaciones de la Convención y cómo logró Cáceres imponerla (p. 95), quiénes fueron sus redactores (p. 101), la represión brutal contra los opositores a la Convención (p.109), cómo impuso “la paz” mediante el terror de las armas (p. 110), el pago de 20 millones de dólares en préstamo a Cáceres por su acción (p. 117), la Guardia Republicana entra en acción (p. 123), el disgusto frente a la reforma de la Constitución (p. 128), Mon cambia a los viejos colaboradores por gente ajena al grupo primario de apoyo (p. 138-39), consecuencias del disgusto del General Luis Tejera (p. 141), crítica a los magnicidios dominicanos que no tocan las causas profundas de estos (p. 142 y las conclusiones del autor (p. 156).

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